No hemos dormido nada y ya estamos en el aeropuerto esperando el vuelo para Cancún. Pasamos toda la noche empacando, bueno yo empaque todo lo que necesitaba en menos de 1 hora, pero tu si te tardaste bastante y te tuve que ayudar para que no se nos hiciera tarde. No hay mucha actividad en el aeropuerto sobre todo porque aún es muy temprano tenemos la cara de desvelados, pasamos al Starbucks del aeropuerto tu a comprar un té chai y yo un poco de café, para aguantar lo que vendría todo el día. Ya eran las 9 de la mañana cuando anunciaban en la sala de espera que ya iban a abordar a los pasajeros de primera clase, no tardaron mucho para llamarnos a nosotros, trate de conseguirte asiento en la ventanilla para que vieras todo lo que pudieras desde el cielo esa parte de México y todo el mar azul turquesa de Cancún, sabría que te enamorarías de eso. El avión no iba para nada lleno e iba casi a la mitad de su capacidad, casi todos eran personas de negocios uno que otro turista, y nosotros nuestra gran escapada romántica, aunque la tenía que cubrir con la excusa de que sería el viaje para realizar mi siguiente novela. El avión despego puntualmente 9.30; me gusta la sensación en mi estómago cuando el avión acelera a fondo para superar la gravedad y elevar más de 1000 toneladas al aire, el momento exacto entre estar en el suelo y poder despegar, esa sensación en el estómago que es indescriptible, solamente es esa sensación tal vez de libertad, de lograr lo que el hombre siempre ha soñado volar como los pájaros y ser libres. Tú simplemente estabas emocionada y ni siquiera habíamos llegado aún a Cancún, me imaginaba que te daría un infarto de la emoción en el momento en que llegáramos a esas playas blancas. Recuerdo cuando vivíamos en Quintana Roo y mi papa nos llevó a este lugar, aun eran playas vírgenes olvidados por la sociedad, cuando vi ese lugar en verdad pensaba que si el paraíso existía no podía ser mejor que aquel escenario. El vuelo duro menos de 2 horas y media la cual fue suficiente para que nos recuperáramos de la desvelada, nos pudimos dormir un buen rato, aunque no desayunamos lo que ofrecieron en el vuelo, no tenía hambre, prefería tenerte entre mis brazos y apoyando mi cabeza sobre la tuya hasta que escuchamos al capital diciendo que nos aproximábamos al aeropuerto de Cancún, que nos abrocháramos los cinturones. Nos despertamos el momento exacto para poder ver la costa, y la zona hotelera. Sacaste rápidamente tu cámara para poder tomar una foto y aunque cualquier aparato eléctrico está prohibido no importaba sería una buena foto. Por fin llegamos al aeropuerto y fuimos a recoger nuestro equipaje, mientras buscábamos la camioneta que nos llevaría al hotel, para estos días teníamos ya una reservación para el Gran Melía, de ahí estaríamos visitando las zonas más turísticas de todo el estado de Quintana Roo e iríamos a lugares que no todos los turistas conocen. Llegamos al hotel, donde nos recibieron con un coctel de bienvenida y nos registramos para nuestra habitación. Teníamos uno de los cuartos donde se veía perfectamente toda la zona hotelera, y también toda la bahía, la vista era hermosa y ninguna nube cubría el cielo por lo que debíamos de aprovechar. Rápidamente nos pusimos nuestros trajes de baño y nos disponíamos a ir a la piscina del hotel la cual nos decía tenía una elevación para que al momento de entrar a la alberca no vieras que tenía un borde, pero que pareciera como una piscina que termina con el mar. Era simplemente bello. Estuvimos un buen rato tomando el sol y bronceándonos yo aproveche para volver a practicar los estilos de nado que había aprendido, el lugar en verdad es un buen paraíso, fue una buena elección la de mi amigo habernos enviado a este hotel. Decidimos ir al snack bar y tomarnos un par de tragos y comer algo ligero. Lo que ahora queríamos hacer era dar un recorrido por toda la zona hotelera, e ir al centro para visitar más de este lugar. En realidad estaba pensando en que compraría un carro viejo usado, porque en realidad mi plan era recorrer todo México por carretera porque solamente así se puede descubrir la belleza de un país, y sería conveniente para poder trasladarnos de un lugar a otro, sin la necesidad de estar agarrando camiones, o esperando los horarios que imponían los hoteles. Fuimos a conocer el centro, lugar típico como todo pueblo en México que quiere atraer turistas, con colores llamativos en las fachadas de los edificios. Fuimos al mall la Isla Shopping, un lugar que estaba pegado al mar, y era un lugar abierto, para así sentir la brisa del mar. Te sorprendías por todas las artesanías que vendían en esta zona pero te decía que iríamos a los lugares donde las vendían baratas, porque aquí los precios se los elevaban mucho a los turistas, y que a donde fuéramos encontraríamos cosas todavía más bonitas. Regresamos al hotel, después de todo estábamos todavía cansados por la desvelada y el viaje, por lo que fuimos al restaurante mediterráneo del hotel, para probas sus manjares, me encanta escuchar las olas del mar, mientras comíamos, y luego el olor del mar, simplemente siento que esto no es verdad, no quisiera irme nunca de lugares como estos. Fuimos un rato a la disco del hotel, a bailar a disfrutar, a reírnos. Decidimos caminar por la playa en la noche, no necesitábamos la iluminación más que la que brindaba la luna. Ahí los dos descalzos caminando sobre esa arena que más bien parece algodón, sintiendo como las olas del mar llegan hasta nuestros pies, las palabras adecuadas para este momento eran que te amo, y que este viaje será la mejor experiencia de los dos. P.D. Me encanto la foto que tomaste del sol cuando se estaba metiendo para el ocaso, y como parecía que el mar se lo tragaba, y como el mar parecía tornarse amarillo. Se que tus fotos serán muy populares. O.M.A
viernes, 25 de diciembre de 2009
Día 10088
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