viernes, 25 de diciembre de 2009

Día 10083


 

Las imágenes se hacen cada vez más claras acerca de mis otras vidas contigo y ahora pude ver una época en la que vivimos.

Era Italia 1510, la ciudad Florencia mi familia era una de las pocas familias nobles en ese entonces. Recuerdo la belleza de esa ciudad recuerdo de mis viajes al mercado central donde la gente se reunía para todo desde pensadores hasta los mercaderes que trataban de vender alguna de las telas lujosas que traían de oriente. Yo siempre iba acompañado de mi institutriz un hombre con el semblante de Homero que me enseñaba de artes y cosas de la vida que tal vez mi padre no podía enseñarme por estar demasiado ocupado. Recuerdo el momento en que te vi. Estabas en el mercado de Florencia haciendo las diligencias para tu madre y fue en un instante en que nuestros ojos se cruzaron al tratar de agarrar una cosa al mismo tiempo. Tú al ver que provenía de una familia rica no me dirigiste ni la palabra, y yo cautivado por tu belleza no pude decir ninguna.

No fue la única ocasión que nos encontramos cada vez con un mayor pretexto yo iba a visitar aquel mercado esperando hacer el trabajo de cupido y poder encontrarte otra vez. No sabía tu nombre y sin embargo mi corazón ya latía a un ritmo increíblemente inusual, pensaba que era alguna clase de brujería, que sabía yo entonces en esa vida.

Por fin un día volviste a aparecer mis piernas me fallaban, la vista se me nublaba, siempre has tenido esta figura angelical, siempre te he visto con esta bondad infinita cosa que siempre me cautiva. El miedo desapareció y decidí que no podía perder la oportunidad de saber quién eras, correría el riesgo, no usaría mi clase social, pensaría que eso solamente te asustaría, como el águila trata de cazar a su presa así yo te iba observando, hasta que encontré el momento perfecto para ir, y aunque en mi cabeza estaba preparando miles de frases ingeniosas las palabras volvieron a fallar, y lo único que pude hacer fue sonreírte, lo cual te sonrojo un poco, al parecer siempre has encontrado mi sonrisa cautivadora. Poco a poco te fui conociendo, pero ese amor que siempre surge por ti, estuvo desde el principio. Las primeras cartas que te escribí fueron en esa época, era una nueva forma de comunicación de pasión hacia la mujer, de sensualidad. Todas las noches me escapaba para verte ahí bajo el campanile de Giotto y ahí como me gustaba decirte ti amo.

Pero había un problema mi padre quería juntarme con una mujer de la nobleza para mantener lo que se consideraba "la sangre real" a salvo, pero yo no amaba a esa mujer, mis pensamientos y deseos eran solamente estar contigo. Al ver que tal vez podría perder la posibilidad de perderte nos fugamos y nos fuimos a vivir a la Toscana y Venecia.

Siempre he tenido esta manía de no poder dormir cuando sale el sol, se me hace tan innatural como a ti poder levantarte a esta hora. Te dejaba dormida y me despedía con un beso en tu frente mientras me bajaba a continuar escribiendo sobre mi futura novela. Tenía el final casi asegurado con mi personaje principal con su muerte y una gran revelación de vida. Quería que mis novelas tuvieran algún significado para la vida de las personas y no que las desperdiciaran. Mi vieja máquina de escribir se le había acabado la tinta, cada vez se me volvía mas difícil poder encontrar la tinta adecuada, todo el mundo se estaba modernizando con las nuevas tecnologías, todo por computadora ahora.

Me puse a tomar mi café y leer las noticias del periódico mientras te dejaba el agua caliente para cuando tú bajaras. Después de unos 15 minutos bajaste y me dabas mi beso de los buenos días, y te ibas a preparar tu taza de té. Había perdido la oportunidad de poder seguir escribiendo pero no importaba, ahora podríamos salir y sabía exactamente a donde.

Nos arreglamos y nos fuimos todo el rumbo hasta el embarcadero principal en Xochimilco, una de las zonas protegidas por las UNESCO como patrimonio de la humanidad, una de las pocas cosas que quedan de la época prehispánica. Te sorprendió aquel lugar porque no existe nada como esto en ninguna otra parte del mundo, ni siquiera en Venecia se puede decir que se compare a los canales con las trajineras mexicanas.

Lo curioso de las trajineras es que todas llevan nombres de mujeres, tratamos de buscar una con tu nombre pero sería ilógico que tu nombre de origen ruso estuviera entre nombres como Lupita, por lo que decidimos solo por hoy te llamaríamos Lupita. Nos subimos para que nos llevaran por todo el recorrido, fácilmente en cada trajinera cabían 20 personas más el "gondolero". Estabas fascinada por aquel lugar aunque solo se pudieran ver las chinampas construidas como zonas de cultivo en la antigüedad y ahora olvidadas, aquel lugar era en verdad increíble. Pasaron otras trajineras algunas vendiendo comida y otras con entretenimiento como mariachis, y ahí todos nos poníamos a cantar con el mariachi tu nada más sonriendo te quedabas viendo aquella bola de mexicanos siguiendo al mariachi.

Llegábamos a la isla de las muñecas, un lugar un poco tétrico porque ahí estaban colgadas varias muñecas, nadie sabe por quién, y todas las muñecas parecían ver a las personas que viajaban en las trajineras, algunas de las leyendas del lugar dice que es el lugar de la llorona, otros creen que es uno de los nativos, pero nadie sabía con seguridad que es lo que pasaba ahí, lo único que estaba seguro es que ese lugar me ponía los pelos de punta, y a ti también; lo bueno es que pasamos rápido.

Por fin terminamos el recorrido de ida y vuelta, ya estaba algo obscuro pero te quería llevar a una taquería típica mexicana. Pasamos por la Colonia Postales, un lugar en el D.F. donde mi familia vivió cuando solamente estaban mis dos hermanos mayores, de los cuales ellos consiguieron muchos recuerdos. Ahí yo conocí la taquería "los Palomos" de los mejores tacos que he conocido. Tú siempre me contabas que habías comido comida mexicana, o que la habías tratado de preparar pero nada nunca se comparara a la verdadera gastronomía mexicana. Y lo podías comprobar por el sabor de esos tacos, la carne no estaba seca ni demasiado grasosa, estaba en su punto exacto para poder disfrutar, y luego con las tortillas taqueras, el limón y las salsas bueno nos comimos unos 20 tacos entre los dos.

Ya era de noche cuando regresamos a la casa, y ya no tenía muchas ganas de hacer nada más, después de todo mañana tenía que levantarme temprano para ir al doctor. Ahora yo era el que se quedaba recostado en tu estómago.

O.M.A

0 comentarios: