Ya hemos pasado casi media semana aquí en Quintana Roo, y hemos hecho miles de cosas. Finalmente decidimos comprar un carro para hacer la aventura por las carreteras a todos los estados de México. Fue un Ford Falcon del 66 todo un clásico, jamás me había llamado la atención saber tanto de carros, pero recordaba esta vieja película de una pareja enamorada que tenía un carro clásico, me imaginaba así mi viaje contigo, manejando por las carreteras, una mano en el volante y la otra rodeando tu cuello, mientras tú me abrazabas de la cintura y recargabas tu cabeza en mi hombro, sin nada que nos quitara la libertad, la libertad seria este carro y la carreteras. Lo primero que hicimos fue visitar todo lo que pudiéramos de la cultura maya, ya que en verdad esto era un paraíso para haber establecido una cultura tan antigua como la maya. Por lo tanto lo primero que vimos fue la Rivera Maya, uno de los lugares que se ha puesto de moda como un destino de gran turismo para todo el mundo. Y como negarlo es una maravilla de lugar y Playa de Carmen como su ciudad principal la diversión nunca acaba en este lugar. Todas las playas que visitamos simplemente pareciera que la humanidad no las había descubierto y había sido un esfuerzo del gobierno local por recuperar las playas ante los intereses de los hoteleros, y si que fue una gran idea porque la humanidad puede seguir disfrutando de playas como Playa del Secreto en la cual pudimos ver la migración de la tortuga solamente para poner sus huevos y regresar al mar, fue un espectáculo maravilloso. O cuando fuimos a bucear a Paamul donde pudimos disfrutar de los arrecifes marinos, y los bancos de peces de múltiples colores, le compramos a tu cámara una protección especial para poder meterla debajo del mar, todas las fotos que tomamos ahí, me encanta no por la belleza que hay en el lugar, pero porque por primera vez pareces verdaderamente feliz. Cuando estuvimos por puerto Aventuras, donde también estuvimos buceando y vimos los barcos que se habían hundido, como si fuera una vieja escena de lo que había pasado en el pasado. Y como olvidar Xcacel sobre esa arena tono marfil, y las olas leves que existía simplemente hicieron el momento maravilloso para hacer el amor, en aquel lugar; sería tonto de mi parte y machista decir que te hice mía, es una mala utilización del lenguaje, hacerte mía, decir que eres mía, cuando en realidad nos volvimos uno, cuando nuestras mentes en realidad bajaron cualquier barrera, fue maravilloso. Y en Boca Paila donde agarramos un bote para ir de pesca, y como tu lograste capturar un pequeño pez vela, pero como es solamente un deporte lo devolviste al mar, parecías demasiado feliz porque jamás habías hecho pesca en toda tu vida, yo tampoco y por eso yo no corrí con tanta suerte, donde lo único que pude pescar fue el aire, por lo menos hubiera sido chistoso haber pescado una vieja bota de caucho. Luego cuando estuvimos en Xcaret parecía tan cambiado de aquel pequeño parque a una de las mayores atracciones que ahora existía en Quintana Roo. Aquí hicimos un recorrido por uno de los cenotes que fue maravilloso cuando llegamos a la cueva subterránea estar rodeado por todas esas estalagmitas que se fueron formando y por los pozos de agua de los cenotes que hacían en verdad un espectáculo a los sentidos el lugar. Aquí también en Xcaret pudimos ver toda la fauna que daba el parque, hacía mucho que no había visto un jaguar pero verlos me lleno de alegría, no sé cómo expresarlo como si ver aquellos animales me trajera paz. Tú te asombrabas por los flamencos, pero te decía que después iríamos a visitarlos en las reservas naturales que tienen. Y la cueva de murciélagos donde casi cualquier mujer se hubiera asustado pero no tu, al contrario pareciera llamarte más la atención este tipo de animales, cocodrilos, murciélagos, tarántulas, eras en verdad una aventurera. Aquí también estuvimos viendo más cosas de la cultura maya, desde la forma típica de vestimenta de estos antiguos moradores, como las ceremonias rituales, arte, muchas cosas aprendimos y digo aprendimos porque había olvidado varias cosas. Y sin embargo aunque aquí decían que el calendario maya no pronosticaba el fin del mundo, pero de un cambio aún seguía las personas ignorantes pronosticando un fin del mundo para diciembre de este año, y me daba risa porque eso no parecía; pero me daba una idea para un libro, algo como un libro como "El Testamento Maya" o algo un poco más local, donde pronosticara los temores de millones de personas. Pasamos por Chichen Itzá donde visitamos la pirámide de Kukulcán una de las pirámides mejor conservadas de México y de todo el mundo maya, era simplemente espectacular por su forma, y solamente recientemente se había descubierto que dentro de la pirámide que se podía ver, existía los restos de una pirámide más pequeña sobre la cual se construyó el castillo. Recuerdo una vez cuando vivía en Mérida con mi familia, un día mi papa nos llevó a visitar unas ruinas de la cultura maya, y mi mama se había sentado sobre un Chac Mool y recuerdo como inmediatamente un guardia le decía que se quitara porque era parte de las ruinas y podría ser destruida. Te contaba la historia mientras nosotros veíamos a otro Chac Mool en el interior de la sala de ofrendas. Luego pasamos por el Caracol lo cual me sorprendió todavía mas porque los antiguos mayas habían construido el primer observatorio donde veían las estrellas en el cielo y podían calcular con una precisión exacta cosas que las computadoras de ahora apenas habían logrado el movimiento de los astros, y yo como un astrónomo aficionada simplemente me fascino la idea de que esta cultura había logrado semejante avance solamente con observación y matemáticas. Tal vez podríamos observar el descenso de la serpiente de Kukulcán cuando fuera el solsticio de verano donde era sorprendente como los mayas habían creado la pirámide para que hiciera ese efecto durante el solsticio. Luego nuestras visitas por las islas de Cozumel e Isla Mujeres, en la isla Mujeres nos metimos con los tiburones pequeños y las tortugas gigantes a nadar fue maravilloso, Ahí también estuvimos viendo la pequeña isla y los lugares que tenía para visitar, donde fuimos a comer un par de langostas recién sacadas del mar, la comida ha estado esplendida desde los pequeños bocadillos que nos dan hasta cosas tan grandes como las langostas, aún recuerdo tu cara al haber comido más de la mitad y ya no poder más y como te salía una pequeña pancita. Anduvimos chachareando por las calles encontrando varios lugares con artesanías, donde tú te comprabas casi de todo, pulseras, aretes, playeras. Finalmente por Cozumel fuimos a visitar más arrecifes, y el parque natural Chankanaab donde pudimos ver algunos manatíes en su entorno. Descansamos en sus arenas blancas tomando el sol, ambos ya estábamos bien bronceados. Me imaginaba cuando Jaques Cousteau venía a explorar toda la fauna marina. Nos adentramos entre la vegetación encontrando una pequeña laguna donde casi nadie iba de visita. Y ahí existía un pequeño asentamiento de flamencos, rápidamente sacaste tu cámara para captarlos mientras algunos estaban ahí parados con una de sus piernas y otros volando al ras del agua. En verdad fue maravilloso todos los lugares que visitamos, las noches que nos íbamos a bailar a diferentes lugares. A los nativos que conocimos que eran ya la 15va generación de descendientes directos de mayas, y sus costumbres. En verdad fue un buen inicio para nuestra aventura. Ahora iremos a visitar Yucatán, pero antes haremos una pequeña parada en Chetumal, para que veas lo que hace una ciudad con frontera a Guatemala, donde hay un claro mestizaje. Estamos ahora en un pequeño restaurante descansando, llevamos buen tiempo, ahora tu estas en el baño y yo pensando que mas aventuras tendremos. P.D. Apenas fue una semana y media y has tomado tantas fotos que pareciera que has vivido toda tu vida ahí, no quiero pensar cuantas fotos tendrás cuando términos de viajar por todo México. O.M.A
domingo, 27 de diciembre de 2009
Día 10097
viernes, 25 de diciembre de 2009
Día 10088
No hemos dormido nada y ya estamos en el aeropuerto esperando el vuelo para Cancún. Pasamos toda la noche empacando, bueno yo empaque todo lo que necesitaba en menos de 1 hora, pero tu si te tardaste bastante y te tuve que ayudar para que no se nos hiciera tarde. No hay mucha actividad en el aeropuerto sobre todo porque aún es muy temprano tenemos la cara de desvelados, pasamos al Starbucks del aeropuerto tu a comprar un té chai y yo un poco de café, para aguantar lo que vendría todo el día. Ya eran las 9 de la mañana cuando anunciaban en la sala de espera que ya iban a abordar a los pasajeros de primera clase, no tardaron mucho para llamarnos a nosotros, trate de conseguirte asiento en la ventanilla para que vieras todo lo que pudieras desde el cielo esa parte de México y todo el mar azul turquesa de Cancún, sabría que te enamorarías de eso. El avión no iba para nada lleno e iba casi a la mitad de su capacidad, casi todos eran personas de negocios uno que otro turista, y nosotros nuestra gran escapada romántica, aunque la tenía que cubrir con la excusa de que sería el viaje para realizar mi siguiente novela. El avión despego puntualmente 9.30; me gusta la sensación en mi estómago cuando el avión acelera a fondo para superar la gravedad y elevar más de 1000 toneladas al aire, el momento exacto entre estar en el suelo y poder despegar, esa sensación en el estómago que es indescriptible, solamente es esa sensación tal vez de libertad, de lograr lo que el hombre siempre ha soñado volar como los pájaros y ser libres. Tú simplemente estabas emocionada y ni siquiera habíamos llegado aún a Cancún, me imaginaba que te daría un infarto de la emoción en el momento en que llegáramos a esas playas blancas. Recuerdo cuando vivíamos en Quintana Roo y mi papa nos llevó a este lugar, aun eran playas vírgenes olvidados por la sociedad, cuando vi ese lugar en verdad pensaba que si el paraíso existía no podía ser mejor que aquel escenario. El vuelo duro menos de 2 horas y media la cual fue suficiente para que nos recuperáramos de la desvelada, nos pudimos dormir un buen rato, aunque no desayunamos lo que ofrecieron en el vuelo, no tenía hambre, prefería tenerte entre mis brazos y apoyando mi cabeza sobre la tuya hasta que escuchamos al capital diciendo que nos aproximábamos al aeropuerto de Cancún, que nos abrocháramos los cinturones. Nos despertamos el momento exacto para poder ver la costa, y la zona hotelera. Sacaste rápidamente tu cámara para poder tomar una foto y aunque cualquier aparato eléctrico está prohibido no importaba sería una buena foto. Por fin llegamos al aeropuerto y fuimos a recoger nuestro equipaje, mientras buscábamos la camioneta que nos llevaría al hotel, para estos días teníamos ya una reservación para el Gran Melía, de ahí estaríamos visitando las zonas más turísticas de todo el estado de Quintana Roo e iríamos a lugares que no todos los turistas conocen. Llegamos al hotel, donde nos recibieron con un coctel de bienvenida y nos registramos para nuestra habitación. Teníamos uno de los cuartos donde se veía perfectamente toda la zona hotelera, y también toda la bahía, la vista era hermosa y ninguna nube cubría el cielo por lo que debíamos de aprovechar. Rápidamente nos pusimos nuestros trajes de baño y nos disponíamos a ir a la piscina del hotel la cual nos decía tenía una elevación para que al momento de entrar a la alberca no vieras que tenía un borde, pero que pareciera como una piscina que termina con el mar. Era simplemente bello. Estuvimos un buen rato tomando el sol y bronceándonos yo aproveche para volver a practicar los estilos de nado que había aprendido, el lugar en verdad es un buen paraíso, fue una buena elección la de mi amigo habernos enviado a este hotel. Decidimos ir al snack bar y tomarnos un par de tragos y comer algo ligero. Lo que ahora queríamos hacer era dar un recorrido por toda la zona hotelera, e ir al centro para visitar más de este lugar. En realidad estaba pensando en que compraría un carro viejo usado, porque en realidad mi plan era recorrer todo México por carretera porque solamente así se puede descubrir la belleza de un país, y sería conveniente para poder trasladarnos de un lugar a otro, sin la necesidad de estar agarrando camiones, o esperando los horarios que imponían los hoteles. Fuimos a conocer el centro, lugar típico como todo pueblo en México que quiere atraer turistas, con colores llamativos en las fachadas de los edificios. Fuimos al mall la Isla Shopping, un lugar que estaba pegado al mar, y era un lugar abierto, para así sentir la brisa del mar. Te sorprendías por todas las artesanías que vendían en esta zona pero te decía que iríamos a los lugares donde las vendían baratas, porque aquí los precios se los elevaban mucho a los turistas, y que a donde fuéramos encontraríamos cosas todavía más bonitas. Regresamos al hotel, después de todo estábamos todavía cansados por la desvelada y el viaje, por lo que fuimos al restaurante mediterráneo del hotel, para probas sus manjares, me encanta escuchar las olas del mar, mientras comíamos, y luego el olor del mar, simplemente siento que esto no es verdad, no quisiera irme nunca de lugares como estos. Fuimos un rato a la disco del hotel, a bailar a disfrutar, a reírnos. Decidimos caminar por la playa en la noche, no necesitábamos la iluminación más que la que brindaba la luna. Ahí los dos descalzos caminando sobre esa arena que más bien parece algodón, sintiendo como las olas del mar llegan hasta nuestros pies, las palabras adecuadas para este momento eran que te amo, y que este viaje será la mejor experiencia de los dos. P.D. Me encanto la foto que tomaste del sol cuando se estaba metiendo para el ocaso, y como parecía que el mar se lo tragaba, y como el mar parecía tornarse amarillo. Se que tus fotos serán muy populares. O.M.A
Día 10087
Trajes varios arreglos de flores, rosas, claveles, orquídeas, tulipanes, las puse alrededor del cuarto. Pensaba que tal vez el olor te despertaría, pero es una suerte ese sueño pesado que tienes, no te despertaba el ruido que estaba haciendo. Me levante a eso de las 3 de la mañana todo seguía demasiado obscuro; me levante sin hacer demasiado ruido, te iba a dar mi primer sorpresa antes de que despertaras. Empecé a inflar globos y serpentinas para ponerlas en el cuarto, como un gran cartel deseándote felicidades en los idiomas que sabias. Hacia unos años te había hecho un video para tu cumpleaños pero ahora tenía la oportunidad de disfrutar tu cara con ese tipo de regalos. Me volví a acostar abrazándote para volver a agarrar el sueño, esperaba que la sorpresa te fuera agradable cuando abrieras los ojos. Eran las 4 y todavía faltaban algunas horas para que te despertaras. Cuando me había despertado vi que ya nos habíamos movido en la cama, y ahora estábamos acurrucados en la cama. Cuando me empecé a mover me dijiste muy dulcemente buenos días, que flojito era porque ahora tú te habías despertado antes que yo. Me decía yo mismo que bueno que no te habías dado cuenta de todos los regalos. Me decías que el cuarto tenía un olor como a flores, yo solamente me reía, y te decía que tal vez deberías de volver a voltear a ver todo el cuarto. Cuando te lo dije empezaste a ver todo, yo abrí las persianas y ahí estaba tu primer regalo todo el cuarto arreglado, las flores que más te gustaban, todo arreglado, el letrero, y yo diciéndote felicidades, por primera vez cuando habías abierto tus ojos , por primera vez estábamos pasando nuestros cumpleaños juntos, esperaba que así fuera por mucho tiempo más. Mi segundo regalo aunque algo tonto, sabía que solamente a ti te provocaría una sonrisa, agarre un moño gigante y me lo puse alrededor del cuello, pensaba que mejor regalo que tu "milagrito" para este día, la única condición es que debías cuidar bien de este regalo, es algo raro, único, pero eso si, jamás te hará sentir sola. Prometiste siempre cuidar de mí, que era el regalo más grande que jamás te hubieran dado. Nos fuimos a la cocina y preparamos huevos con jamón y queso, algo rápido de hacer y que nos mantendría llenos por un par de horas. Tú también te estabas empezando a hacer un poco más vieja, tal vez más madura. Recuerdo tus fotos que alguna vez vi cuando tenías 20 años parecías tan inocente, tan llena de tantos sueños; aun seguías así pero parecía que algo en tu mirada hubiera cambiado, como cansada de tantos errores de tu pasado esperando simplemente un poco de luz para no sentirte tan perdida. Te decía que todavía te quedaban 3 regalos más, pero como fuera pasando el día los irías recibiendo, estabas demasiado entusiasmada como para presionarme por descubrir tus regalos. Al paso del día te llamaron tus padres felicitándote por tu cumpleaños, no pudiste evitar llorar porque sabía que estabas lejos de casa, y que todavía querías disfrutar de estos momentos con ellos. Creo del todo tiempo que has estado aquí te volvió esa nostalgia de ver los personas más importantes en tu vida. Solamente te pude abrazar durante un tiempo, las palabras estarían de más. Me pediste que fuéramos a comprar algo de ropa para ti, es algo que te había gustado desde siempre poder estrenar algo de ropa durante tu cumpleaños siempre te gusto lucir bien. Fuimos a Polanco Antara, uno de los lugares para la gente más rica de México, solamente te llevaba de paseo, sabía que una buena mujer no compra el primer vestido que ve, al contrario tiene que elegir entre cientos para por fin elegir el perfecto para ella. Te decía de broma que tal vez te deberías de comprar un vestido como los que usaba Frida, y peinarte igualito con ella, la idea no pareció desencantarte, al contrario me seguías la corriente y me decías que tendrías que cambiar todo tu guardarropas y empezar a pintar varios oleos. Tu serias mi pequeña Fridita y yo sería tu Dieguito. Entramos a varias tiendas, te probaste miles de vestidos, al parecer la moda de los colores pasteles había vuelto aunque siempre estaban los básicos como un color rojo, o un negro siempre parecerían elegantes. Jamás habías sido de tantos vestidos en esos en los que enseñas las piernas, siempre había sido un poco más reservada, de hecho muy pocas veces te había visto con vestidos, pero ahora ese parecía ser lo que más te gustaba usar. Regresamos a Plaza donde me habías dicho que habías visto unos vestidos en una tienda, fuimos aunque yo ya estaba algo cansado de ver tantos vestidos, pero al final de cuentas habías elegido el vestido perfecto un color tono paste durazno con un cinturón color café claro que tenía una flor como decorativo, simplemente te veías hermosa con ese vestido, y que fuera todavía primavera haría que te quedara perfecto para esta noche. Nos fuimos a arreglar a la casa, otra vez como en mi cumpleaños usábamos baños diferentes y cuartos diferentes esta vez utilizaría otro de mis trajes, ese Armani negro con rayas blancas, una camisa blanca con mancuernas y una corbata negra, total seriedad esta noche, esta noche era tuya. Cuando abriste la puerta del cuarto, fue espectacular desde la fragancia que habías usado hasta la vista, pareciera que todos mis sentidos estaban por recibir un estímulo por tu parte. Jamás me habían gustado las mujeres con rulos en el cabello, no se me daba una sensación de que no se bañaban, o de que esas cosas no podrían ser tocadas. Pero en ti se veían tan bien te hacían resaltar las facciones de tu cara, y te daba cierta inocencia. Luego con ese vestido que te quedaba tan bien, simplemente como no amar ese rostro, al cual había recorrido mis dedos y ya me lo había aprendido. Fuimos a comer al restaurante del Lago en Chapultepec, o como su slogan el restaurante más bonito de México y en verdad era un lugar bonito para comer, desde la estructura del edificio, hasta que se encontrara alrededor del lago de Chapultepec. Había hecho una reservación en la mañana la ventaja de "estar de moda" es que en lugares como restaurantes les gustaba que un escritor como yo con cierta fama, visitara sus restaurantes para así hacerse de esa publicidad. Nos sentaron en una de las mejores mesas del restaurante con vista al lago y una vista de todo el restaurante. Te aparte la silla como un caballero mientras podía oler tu esencia un toque de jazmín con vainilla. Me acomodaba mi corbata y planchaba mi camisa con la mano mientras me sentaba en la silla. Nos trajeron un poco de vino blanco y unos cebiches con langostinos como entrada. Para el plato principal yo pedí unos tacos de langosta con salsa de molcajete y entre los dos compartimos un chuletón con más vino. Toda la comida estuvo deliciosa y parecía encantarte este pescado, mañana festejaríamos todavía más comiendo pescado fresco del mar. Compartimos tu postre con una velita que te había traído el mesero era una especia de brownie de chocolate, con un toque de fresas. Te decía que este era tu tercer regalo, y ya estabas impaciente porque todavía faltaban dos regalos mas y ya el día prácticamente se había acabado. De lo que no te habías dado cuenta cuando habías ido al baño es que pedí la ayuda de los meseros para que me trajeran tus regalos y los guardara bajo la mesa. Ya no podía ser tan cruel y te dije que cerraras los ojos. Puse en la mesa una caja cuadrada con tu cuarto regalo; te sorprendió que lo pusiera ahí porque no sabías de donde lo había sacado, sobre todo como lo había llevado hasta ahí, ya que en mi saco no hubiera podido caber ese regalo. Impaciente empezaste a desenvolver todo y cuando por fin pudiste ver el regalo te quedaste con una cara de sorpresa, porque era una cámara nueva, pero no era cualquier cámara, era una tipo profesional porque sabía que tu tenías un talento innato para tomar fotografías y poder transmitir muchos sentimientos, por lo tanto sabía que con la herramienta adecuada tu podrías desarrollarte todavía como una fotógrafa personal, y pensaba que hasta podrías tener algún día tu propia exhibición. Me agarraste de la cara con tus dos manos mientras me dabas un dulce beso por ese regalo, me decías si ya la había cargado, la prendiste y le pediste al mesero que tomara la primer fotografía de esa cámara, nosotros cenando en tu cumpleaños, no se me ocurría nada mejor para estrenar tu cámara. Y por fin tu ultimo regalo, te decía que sería el complemento perfecto para tu nueva cámara, te enseñaba los boletos de avión hacia Cancún, que partían para mañana no te lo podías creer, te decía que sería un largo viaje, porque recorreríamos todo México, simplemente no lo podías creer, parecía demasiado perfecto, pero ahora era yo el que te daba el beso diciéndote que esto era realidad y que nos debíamos de preparar para el viaje. Como toda buena mujer simplemente pensaste en que cosas deberías de empacar para el viaje, cuanto deberías de empacar, que te pondrías, ya estabas pensando en todo. Esa noche en realidad no dormimos porque tú te la pasaste viendo que pondrías en tus maletas, yo simplemente me llevaba muy poca ropa, en realidad lo único con lo que podría viajar yo sería con mi nuevo diario, pero pensaba que te aburrirías de verme vestido igual todos los días, sabia también que en el viaje compraríamos cosas entre ello ropa nueva. Nuestro primer gran viaje juntos, tal vez el siguiente sea conocer todo el mundo… algún día… O.M.A
Día 10086
Sabía que necesitabas un poco de inspiración en tu vida, y el arte parecía llenar eso que tanto necesitabas por lo que pensé que hoy sería un buen día para visitar museos y visitar otros lados de la ciudad. A veces se me olvida que solamente llevas algunos días aquí en México, siento muchas veces que has estado viviendo aquí desde hace mucho, es agradable pensar que mis experiencias contigo se sienten así, como si hubiéramos hecho todo en estos días, durante toda la vida, como si fuera algo tan natural. Hoy iríamos a visitar el museo de Dolores Olmedo donde se tiene la más grande colección de las obras de Frida, pensaba que como una artista te encantaría ver lo que una de las mujeres más famosas pudo lograr expresar en su arte. Llegamos a esa vieja ex hacienda de la Noria, lo que en algún momento fue la casa de Dolores Olmedo otra artista mexicana que decidió que la obra de Frida y de Diego debían de tener un lugar para ser expuesta, y que toda la gente la pudiera visitar. Es un lugar bastante impresionante como típica hacienda jardines amplios, edificios de un solo piso, pero también enormes, se sentía como escenario de película cuando los pavorreales que había andaban por los jardines. Anduvimos por las diferentes secciones del museo, cuando un cuadro te parecía fascinante te quedabas un rato observándolo, y como te había dicho que trajeras tu pequeño cuaderno te pusiste a hacer bosquejos ahí en los bancos que había, para los artistas como tú, encontrando la inspiración de viejos maestros, igual que yo con las letras, muchas veces me inspire de las palabras de otro escritor. La obra que a mí más me fascino fue la de la columna rota, como pudo expresar Frida todo el dolor que sentía, como tener que estar atada a la cama le había quitado la libertad, no me imagino perder algo como eso, pasar tus días solo estando en la cama, sabiendo que tus aspiraciones te quieren llevar a explorar el mundo. Pensaba en llevarte a Coyoacán otro día, pero en dos días nos iríamos a nuestro recorrido por todo México aún no estaba seguro cuantos meses nos iba a llevar, pero si íbamos a estar lejos de aquí por un rato. Ahí en Coyoacán se encuentra la Casa Azul el museo de Frida Kahlo, en el cual se encuentran diferentes artículos con respecto a Frida y a Kahlo, algunas de sus obras, ya que la mayoría se encontraba en el museo de Dolores, pero aquí se encontraban los vestidos típicos que usaba, como algunas fotos que se tomó con Diego, una en la cual se están besando, parecían estar tan enamorados, o al menos la definición de amor para ellos, porque se sabía de los problemas que ellos tenían, y sin embargo Frida se quedó al lado de Diego durante toda la vida, tal vez eso es amor, no importa las adversidades que exista en la vida, uno siempre esta con aquella persona que lo hace feliz. Ahí en el museo algunas personas me reconocieron, adolescentes que encontraban en mi trilogía un amor que pudiera superar cualquier obstáculo, y me pedían mi autógrafo, me hacían sentir un poco tímido, jamás fui una persona exhibicionista y me daba un poco de pena cuando en la calle me paraban para un autógrafo o para tomarse una foto conmigo, pero al mismo tiempo sabía que por lo menos esas personas habían entendido mis palabras. Estuvimos caminando ahí por Coyoacán hasta llegar a la plaza frente a la iglesia de San Juan Bautista, ahí existían varios pequeños restaurantes, como cafeterías y los famosísimos helados de Coyoacán. Nos sentamos un rato a descansar ahí viendo a la gente pasar y la vida de lo que se consideraba la parte artística de México, aquí se venían a juntar todo tipo de personajes famosos, desde actores y actrices, escritores, cantantes, era como un lugar que se había creado para este tipo de personas, yo casi no venía, ni porque me consideraba famoso ni porque me llamara la atención, pero la zona en si era bastante tranquila. Te comentaba como este lugar se me hacía tan lejano cuando mi papa nos traía de paseo, y ahora aunque sigue estando lejos de mi casa, ya no parece el otro lado del mundo. Cuando uno es niño el tiempo parece eterno cuando uno viaja, pero mientras uno más va creciendo siente que el tiempo se pasa volando por todas las actividades de un adulto. Tal vez después de todo Einstein si tenía razón que el tiempo es relativo. De ahí nos pasamos a Insurgentes al Polyforum Siqueiros, a la gran bóveda, el Foro Universal donde estaba otro tipo de arte mexicano, el muralismo una forma de arte sobre todo de la lucha de la revolución mexicana, y los temas típicos de la vida mexicana, la diferencia de las clases sociales. Y ahí se encontraba uno de los más grandes murales La Marcha de la Humanidad, un inmenso mural que ocupaba todo el espacio del foro, que desde donde lo vieras te podía presentar un movimiento. Era algo impresionante ver toda esa obra y como retrataba diferentes cosas de la humanidad en ese entonces, como la lucha entre el socialismo y el capitalismo, y los astronautas desde el espacio observando a toda la humanidad. De ahí a unos cuantos metros se encontraba la monumental Plaza de Toros de México y pasamos, es la plaza de toros más grande en el mundo, incluso más grande que cualquiera en España donde había nacido la tauromaquia. Inclusive cuando estuviste en España jamás te había gustado ir a ver la corrida de toros, pero pensaba que era de esas experiencias que no se pueden perder en la vida, solamente entramos a ver la primera novillada, con el clásico olé cuando el torero hacia alguna de sus suertes frente a esos animales que pesan más de 100 kilos. El día en si había sido fantástico y mañana te tenía preparado todavía más cosas, después de todo sería el primer cumpleaños que te podría festejar y por lo tanto debía de hacer algo especial, sabía que sobre todo mis dos regalos principales te llenarían de alegría. Me pase todo el día indiferente para que no sospecharas que te tenía una sorpresa para mañana. Ya había ido a recoger los boletos, nuestro primer destino iba a ser Quintana Roo, ahí nos quedaríamos un tiempo, por lo tanto las fechas estaban abiertas a la reservación. También había ido a comprarte tu otro regalo, algo que sabía que apreciarías después de todo porque era de las cosas que te fascinaban. Los otros regalos que te haría serían de mi puño y letra. No puedo escribir mucho hoy me andas vigilando demasiado, todo será mejor mañana. O.M.A
Día 10085
"Nosotros los humanos ocultamos demasiadas cosas a nuestros semejantes, nosotros los humanos preferimos mentir a decir una verdad. Pero lo más sorprendente es que no podemos tolerar la verdad de otras personas, por lo que pedimos vivir entre mentiras. Pero las mentiras no son necesarias, la gente está demasiado preocupada para demostrar demasiados defectos a otra persona ajena a su ser, que se olvida que la otra persona también tiene cientos de defectos" Fragmento del "Proyecto de Instrumentalización Humana" Autor: Omar Méndez Adán Hoy no tenía demasiadas ganas de salir de la cama, después de todo si me estas pegando tus modos de ser, y hoy la cama sabía demasiado rica, sobre todo cuando en ella te estoy abrazando y sintiendo los pocos vellos que hay en tus brazos, acariciando con la otra suavemente tu cintura y recorriendo la silueta de esta. Por muchos años había soñado como seria tu mirada, y aún hay veces hoy que sigo pensando que lo estoy soñando, todo pareciera demasiado perfecto, tal vez después de todo no estoy en una tragedia, ni en una comedia, simplemente es una novela diferente a lo que ha vivido todo el mundo. Finalmente como a las 10 no podía seguir ahí acostado, me empezaba a sentir sucio por lo que me salí, y me baje para seguir escribiendo, ordenando las ideas y viendo cuales servirían y cuales solamente se quedarían como ideas y no lograrían ser plasmadas. Mientras estaba ahí abajo le llame a mi amigo para que me dijera como iba todo el paquete para el viaje. Hace unos días le había enviado un email diciéndole que quería realizar un viaje contigo, pero que necesitaba algunos lugares para quedarme, que el dinero no importaba después de todo mi editorial era la que haría todos los pagos, y que sería un viaje por todo México por lo tanto necesitaba guías de varios lugares para visitar, ya que todo habría cambiado desde la última vez que lo visite, cuando era un niño y me iba de un lado a otro cuando cambiaban a mi papa por el ejército. Todo parecía en orden por lo que no habría ningún problema que después de tu cumpleaños nos fuéramos de viaje, un viaje que duraría bastante, después de todo sabía que tu jamás habías podido quedarte quieta en un lugar por mucho tiempo, siempre fuiste un alma aventurera. Y el viaje haría que tu sueño de conocer todo el mundo se hiciera un paso más cercano a lograrlo. Después de varias horas de estar arriba por fin decidiste bajar, yo seguía escribiendo y estaba bastante metido en lo que escribía me preguntabas que íbamos a comer, porque si no tenía ningún plan a ti te gustaría hacer fajitas de carne, me gusto que tú supieras cocinar comida mexicana, como si estuvieras demasiado involucrada con mi cultura. Te dije que está bien que me encantaría probar tus fajitas, y que yo haría la salsa. La buena salsa mexicana y no la cosa gringa que venden en E.U son los chiles ya que eso le da la sazón especial, pero dicen que para que una salsa en verdad pique la persona que la hace debe de estar muy enojada, como si su enojo pudiera ser transmitido a los chiles y al resultado final de la salsa. Pensé que sería preferente que comiéramos las fajitas que estabas haciendo con una salsa verde, por lo que puse tomatillo verde, unos chiles serranos, un poco de sal, ajo y agua y los lique, vieja receta de mi familia. Trate de que no fuera tan picosa porque después de todo no estabas tan acostumbrada. Que puedo decir de tus fajitas, simplemente que fueron espectaculares me gustaba mucho tu cocina, me recordaba en algo cuando mi mama me cocinaba, tal vez después de todo el ingrediente secreto de una comida si es el amor. Te tenía una sorpresa para la noche, te llevaría a la Plaza Garibaldi, el lugar más mexicano que se podía conocer, donde los caballitos de tequila se encontraban con las notas del mariachi cantando a todo pulmón, donde la gente se entregaba por completo a la música y a pasarla bien. Te sorprendió saber que existiera un lugar donde todos los mariachis en México se reunían, donde podías contratarlos para llevar serenata, pensaba que yo ya había hecho una proeza todavía mayor al haber encontrado un mariachi mexicano en Rusia, hacerlo aquí sería lo más normal. Cuando llegamos te encanto la vista de ver a varios hombres vestidos de charros, con los sombreros y todo el atuendo, cargando sus instrumentos desde una guitarra a una trompeta. Se nos acercaban en bola preguntándonos si queríamos contratar sus servicios, pero no llegaba uno o dos, llegaban como 7 dándonos precios y tocando los instrumentos para animarnos pero nuestro destino era la cantina el Tenampa, un lugar con mucha tradición y de las primeras cantinas que se pusieron en esta plaza. Llegamos y el lugar esta medio lleno, pero el ambiente era muy bueno, la gente divirtiéndose, algunos tratando de bailar, otros cantando, nos fuimos a sentar a una mesa del rincón, donde nos tomaron la orden, yo te decía que no podías venir a México sin tomarte un par de caballitos de tequila, y para combinarlo otro caballito de sangría y limón y sal. Nos lo tomábamos a fondo el caballito de tequila tomando el limón y sal después, y al final suavizando cualquier sabor con la sangrita. Luego pedimos unas palomas y unos vampiros, veníamos a celebrar, y a divertirnos. Después de un par de copas nos poníamos a cantar, aunque tú no te sabias las canciones, repetías los coros, y te emocionabas, como si fueran canciones con las que hubieras crecido escuchando. Escuchamos clásicos como Almohada, Mujeres Divinas, Acá entre nos, Por unas monedas, Cielito lindo. Nos la pasamos muy bien ahí en la cantina. Pero mañana teníamos que visitar otros lugares, te debía de llevar a otros lugares antes del viaje por todo México. P.D Deseaba con muchas ganas visitar todos estos lugares contigo, tantos recuerdos contigo tan maravillosos, ojala esto nunca acabe O.M.A
Día 10084
Parecía que sería un buen día, no hubo demasiado tráfico hasta la clínica, fácilmente nos hicimos unos 20 minutos, parecía un buen augurio para que no temiera nada. Me notabas nervioso y me ibas agarrando la mano y es como un efecto placebo, pero en verdad sentía que el calor de tu mano me hacía sentir menos nervioso. Recuerdo que cuando me opere el tumor me sentía tan solo, sin nadie que me apoyara en aquel momento difícil, y aunque ahora solamente íbamos a una revisión, me hacías sentir más seguro. Ni siquiera nos habíamos tomado el café y té matutino para llevar el día, por lo que tuve que comprar de la máquina que había ahí cerca de la sala de espera. No había nada de té por lo que te compre un cappuccino con esencia a vainilla para que no lo sintieras tan fuerte. Estuvimos un rato esperando hasta que por fin me llamaron. Me dijeron que ahora me harían una nueva resonancia para asegurarse que el tumor no hubiera vuelto a aparecer, y pruebas de rutina para darme por fin de alta. Después de unas cuantas horas entre miles de pruebas, por fin traían los resultados. La medicina había avanzado tanto que ahora con unas cuantas gotas de sangre, podían detectar todo el genoma de cada persona, pero era increíble que aun el análisis de una resonancia tuviera que tener un proceso tan extenuante. Por fin venia el doctor a darme buenas noticias, me decía que mi recuperación parecía casi milagrosa, porque ya no presentaba los síntomas de una persona que apenas había sido operada, las aberturas que hicieron ya eran casi indetectables, y mi cabello tapaba cualquier rastro de cirugía. Al final me dieron de alta, yo quería abrazar a ese hombre porque sabía que ahora mi plan de hacer un viaje por todo México contigo por fin lo podía ver más concreto. Estaba tan feliz que hasta había olvidado por un segundo la razón de que estuviéramos en ese lugar. Ahí afuera de la clínica te abrazaba y te besaba y tú aunque no parecías estar en desacuerdo te sorprendía mi gran cambio de humor. Te dije que todo era tan perfecto en ese momento que merecía la pena por un cambio de humor y que solamente por eso deberíamos de hacer lo que tu quisieras hoy. Sabía que me arrepentiría en el momento en el que dije esas palabras, porque podrías ser muy exigente, por lo que todo el camino a casa, yo te iba dando ideas para suavizar lo que tal vez tu pensarías. Igual que como fuimos a la casa llegamos a casa. Iba metiendo la llave en aquella puerta de madera cuando veía en tu cara que ya sabias exactamente lo que querías hacer. Con el temor de pensar que sería algo muy grande no dije nada, pero la emoción que tú tenías no se podía callar. Me resignaba y preguntaba qué era lo que habías pensado, y me sorprendía tu respuesta, querías conocer más mi pasado y por lo tanto los lugares que alguna vez significaron mucho para mí. Y me sentí aliviado porque me parecía una muy excelente idea. Los primeros lugares que se me ocurrió enseñarte fueron las escuelas en las cuales estudie y de las cuales me llenaron mucho de varios sentimientos. Primero fuimos al kínder Mirtita al cual entre cuando tenía solamente 5 años y que recuerdo mi primer día con un gran llanto porque me separaron de mi mama. Aún era muy parecido; para poder entrar tuvimos que fingir que queríamos inscribir a nuestro hijo, a ti te dio mucha risa, tal vez porque todavía no pensabas en eso, en nuestros hijos. Era exactamente igual como lo recordaba varios salones y aquel patio que antes me parecía enorme con su pequeño escenario, ahora lo veía más pequeño, creo que cuando eres pequeño el mundo parece un lugar inmenso, pero luego creemos que las cosas inmensas son otras. Te decía de mis primeras experiencias, como la primera niña que me gusto, no sabía ni lo que era el amor, pero sentía algo raro cuando veía a esa niña, que sabría yo en ese entonces. Recuerdo que conocí a dos de mis primeros amigos, y que fueron sus casas las que conocí, aparte de la mía. Te decía que aquí había aprendido a bailar como ruso, o por lo menos lo que por aquí se pensaba que bailarían los cosacos por aquí. Luego fuimos al hospital donde nací, el hospital Satélite, ahí había llegado a este mundo un 24 de julio, pero el hospital había cambiado mucho, tanto que ya era demasiado grande. Hay un pequeño parque frente al hospital al cual mi mama me solía traer a jugar, recuerdo mis primeros momentos ahí jugando con mi mama, y viendo como otros niños también jugaban con sus mamas. Recuerdo mis primeras grandes exploraciones ahí y de un viejo árbol que tenía una de sus ramas torcidas y que había crecido así, recuerdo que al principio me daba miedo, sobre todo porque mi mama me lo infundada, pero una vez conquistada mi primer gran reto, el mundo no me parecía con imposibles. Nos fuimos caminando hasta llegar a la zona azul, aún recuerdo como lucían algunas de las cosas en ese entonces, tenían rejas de aluminio, doradas la mayoría, aun algunas casas tenían esos recuerdos, pero otras ya usaban otros materiales, todo ya era tan diferente. De ahí nos pasamos a lo que sería mi escuela por muchos años, el Centro Escolar Patria, aún tenía ese color café claro y obscuro lo cual hacia que se viera muy fea, y el uniforme como detestaba ese uniforme, lo primero que hacia al llegar a mi casa era ponerme mis shorts y una playera. Usamos la misma treta para poder ver las instalaciones del lugar, aquí si ya era diferente, todas las instalaciones ahora tenían pizarrones eléctricos, los salones de computación eran ahora más grandes y no tan exclusivos para unos, aún recuerdo esas bancas de primaria en las cuales no te discriminaban si eras zurdo o diestro, cosa muy diferente que sentí cuando pase a la secundaria, si de por si es una etapa muy difícil en la vida, cuando uno es el único zurdo de toda su clase, y era uno de los 5 zurdos que existía en la escuela lo hacía sentir a uno todavía más "especial". Fuimos hasta la dirección un lugar que visite un par de veces, y ahí estaba la hija de la directora Hortensia, o como todos la conocíamos "la Tencha" uno de los seres más temidos por un pre adolescente de 13 años, y su hija no se quedaba atrás tenía el mismo carácter que la madre, nos llevaron hasta aquí para que nos platicaran más de la escuela, ahora era trilingüe y el francés era el tercer idioma enseñado. Laura la nueva directora se me quedaba viendo sabiendo que ya me conocía, después de todo ella fue una de mis últimas profesoras de inglés, al final supo que yo había estudiado ahí tantos años y aun así se acordaba bien. Luego fuimos a La Salle la prepa donde me fui conociendo un poco más a mí mismo. Ahí conocí a un par de mis mejores amigos, donde experimente más de cerca el amor, donde conocí a las personas que me llevaron a mis primeras fiestas con alcohol, en ese entonces lo prohibido parecía ser tan necesario para experimentar la vida. Ahí no fueron tan estrictos para dejarnos pasar, y nos veíamos demasiado jóvenes para tener un hijo adolescente. Te enseñaba los lugares donde faltaba a mis primeras clases y donde nos poníamos a jugar domino. Luego pasamos al billar que esta junto a las torres de Satélite al cual nos íbamos de pinta a jugar billar y a veces boliche, recuerdo que este lugar lo visitaba mucho con mi amigo Luis, aquellos tiempos en los que la única preocupación en la vida, era la escuela y aun así no la tomábamos demasiado en serio. Luego íbamos otra vez por Plaza Satélite, uno de los lugares que más había cambiado, ahora donde había un Office Depot, antes había un cine de esos de los que solamente tenía una pantalla, pero esas pantallas eran enormes, antes de que los multiplex fueran la moda, se llamaba el cine Apolo, recuerdo que fui a ver cientos de películas a ese cine, y cuando la película era una clasificación más alta que mi corta edad pudiera ver, me quedaba en casa esperando a que volvieran mi mama y papa pero siempre en espera de que me trajeran una bolsa de palomitas, con eso los perdonaba de que no me pudieran llevar. Luego nos fuimos caminando un poco más, a donde antes solía estar un restaurante de comida china, me acuerdo muy bien de este lugar porque justamente a la entrada había una estatua enorme del Buda que me gustaba frotarle su panza, según los chinos es de buena suerte, pero de lo que más me acuerdo es del diseño del lugar, jamás había conocido el oriente, y en ese entonces no tenía idea en qué lugar se pudiera encontrar China, si solamente el lugar donde vivía me parecía enorme. Los otros lugares con varios recuerdos de mi niñez ya los habíamos visitado estos días, como Chapultepec, Reforma, el Centro, solamente nos faltaba Coyoacán, pero ese lo visitaríamos en estos días, te decía que había un lugar en el cual también había pasado mucho tiempo, iríamos a Palmas ahí por Polanco. Recuerdo que los únicos días en los que podíamos pasar tiempo con mi papa eran los domingos, y él siempre nos llevaba a diferentes sitios a conocer, cosa que tú y yo habíamos estado haciendo en estos días, pero cuando la comida china que conocíamos por la casa cerro, mi papa busco otro lugar, porque al parecer a él le encantaba comer cosas orientales. Y por el conocimos lo que era China Girl, un pequeño lugar de comida china, bastante rica y de la cual recuerdo cientos de veces que fuimos a comer por ahí. Lo más curioso ahí es que ya estaban armados ciertos paquetes en los cuales te traían varios platillos como costillas de cerdo, arroz, Wong tong, ki pao, y otras suculencias chinas. Por lo que pedimos 2 órdenes del no. 3 para probar el cerdo agridulce, recuerdo cuando era niño el simple nombre no me apetecía, aunque nunca lo había probado y ahora era de las cosas que más me encantaba junto al arroz chino. Y para acabar nos sirvieron este té chino, junto a las galletas con una almendra en medio, recuerdo que eso era lo que más me encantaba de niño el postre con el té. Y como rito final de esos domingos en la tarde, pasábamos a una tienda de mascotas que estaba cruzando la calle. Como cualquier niño siempre me gustaron los animales, y me quedaba contemplando lo que ellos hacían, ahora podía ver lo mismo con mis sobrinos, y como esa fascinación la volvía a experimentar a través de sus ojos. Y aun lado pasamos por un café árabe, solamente tomamos una pequeña tasa porque ese café es demasiado fuerte, solamente para probar ya que estábamos ahí. Aún no había cambiado demasiado esa pequeña calle, las casas opulentas se seguían viendo con los guardaespaldas en las entradas. Regresábamos a casa, y sentía que ahora más que nunca te sentías más conectada a mí y me dabas un beso y un gracias porque te había enseñado más de mi pasado, que te había dejado a entrar en lo que era mi pasado. P.D. Si de algo sirve todas las cosas que te dije a ti mientras íbamos por todos esos lugares, solamente tú las sabes. O.M.A
Día 10083
Las imágenes se hacen cada vez más claras acerca de mis otras vidas contigo y ahora pude ver una época en la que vivimos. Era Italia 1510, la ciudad Florencia mi familia era una de las pocas familias nobles en ese entonces. Recuerdo la belleza de esa ciudad recuerdo de mis viajes al mercado central donde la gente se reunía para todo desde pensadores hasta los mercaderes que trataban de vender alguna de las telas lujosas que traían de oriente. Yo siempre iba acompañado de mi institutriz un hombre con el semblante de Homero que me enseñaba de artes y cosas de la vida que tal vez mi padre no podía enseñarme por estar demasiado ocupado. Recuerdo el momento en que te vi. Estabas en el mercado de Florencia haciendo las diligencias para tu madre y fue en un instante en que nuestros ojos se cruzaron al tratar de agarrar una cosa al mismo tiempo. Tú al ver que provenía de una familia rica no me dirigiste ni la palabra, y yo cautivado por tu belleza no pude decir ninguna. No fue la única ocasión que nos encontramos cada vez con un mayor pretexto yo iba a visitar aquel mercado esperando hacer el trabajo de cupido y poder encontrarte otra vez. No sabía tu nombre y sin embargo mi corazón ya latía a un ritmo increíblemente inusual, pensaba que era alguna clase de brujería, que sabía yo entonces en esa vida. Por fin un día volviste a aparecer mis piernas me fallaban, la vista se me nublaba, siempre has tenido esta figura angelical, siempre te he visto con esta bondad infinita cosa que siempre me cautiva. El miedo desapareció y decidí que no podía perder la oportunidad de saber quién eras, correría el riesgo, no usaría mi clase social, pensaría que eso solamente te asustaría, como el águila trata de cazar a su presa así yo te iba observando, hasta que encontré el momento perfecto para ir, y aunque en mi cabeza estaba preparando miles de frases ingeniosas las palabras volvieron a fallar, y lo único que pude hacer fue sonreírte, lo cual te sonrojo un poco, al parecer siempre has encontrado mi sonrisa cautivadora. Poco a poco te fui conociendo, pero ese amor que siempre surge por ti, estuvo desde el principio. Las primeras cartas que te escribí fueron en esa época, era una nueva forma de comunicación de pasión hacia la mujer, de sensualidad. Todas las noches me escapaba para verte ahí bajo el campanile de Giotto y ahí como me gustaba decirte ti amo. Pero había un problema mi padre quería juntarme con una mujer de la nobleza para mantener lo que se consideraba "la sangre real" a salvo, pero yo no amaba a esa mujer, mis pensamientos y deseos eran solamente estar contigo. Al ver que tal vez podría perder la posibilidad de perderte nos fugamos y nos fuimos a vivir a la Toscana y Venecia. Siempre he tenido esta manía de no poder dormir cuando sale el sol, se me hace tan innatural como a ti poder levantarte a esta hora. Te dejaba dormida y me despedía con un beso en tu frente mientras me bajaba a continuar escribiendo sobre mi futura novela. Tenía el final casi asegurado con mi personaje principal con su muerte y una gran revelación de vida. Quería que mis novelas tuvieran algún significado para la vida de las personas y no que las desperdiciaran. Mi vieja máquina de escribir se le había acabado la tinta, cada vez se me volvía mas difícil poder encontrar la tinta adecuada, todo el mundo se estaba modernizando con las nuevas tecnologías, todo por computadora ahora. Me puse a tomar mi café y leer las noticias del periódico mientras te dejaba el agua caliente para cuando tú bajaras. Después de unos 15 minutos bajaste y me dabas mi beso de los buenos días, y te ibas a preparar tu taza de té. Había perdido la oportunidad de poder seguir escribiendo pero no importaba, ahora podríamos salir y sabía exactamente a donde. Nos arreglamos y nos fuimos todo el rumbo hasta el embarcadero principal en Xochimilco, una de las zonas protegidas por las UNESCO como patrimonio de la humanidad, una de las pocas cosas que quedan de la época prehispánica. Te sorprendió aquel lugar porque no existe nada como esto en ninguna otra parte del mundo, ni siquiera en Venecia se puede decir que se compare a los canales con las trajineras mexicanas. Lo curioso de las trajineras es que todas llevan nombres de mujeres, tratamos de buscar una con tu nombre pero sería ilógico que tu nombre de origen ruso estuviera entre nombres como Lupita, por lo que decidimos solo por hoy te llamaríamos Lupita. Nos subimos para que nos llevaran por todo el recorrido, fácilmente en cada trajinera cabían 20 personas más el "gondolero". Estabas fascinada por aquel lugar aunque solo se pudieran ver las chinampas construidas como zonas de cultivo en la antigüedad y ahora olvidadas, aquel lugar era en verdad increíble. Pasaron otras trajineras algunas vendiendo comida y otras con entretenimiento como mariachis, y ahí todos nos poníamos a cantar con el mariachi tu nada más sonriendo te quedabas viendo aquella bola de mexicanos siguiendo al mariachi. Llegábamos a la isla de las muñecas, un lugar un poco tétrico porque ahí estaban colgadas varias muñecas, nadie sabe por quién, y todas las muñecas parecían ver a las personas que viajaban en las trajineras, algunas de las leyendas del lugar dice que es el lugar de la llorona, otros creen que es uno de los nativos, pero nadie sabía con seguridad que es lo que pasaba ahí, lo único que estaba seguro es que ese lugar me ponía los pelos de punta, y a ti también; lo bueno es que pasamos rápido. Por fin terminamos el recorrido de ida y vuelta, ya estaba algo obscuro pero te quería llevar a una taquería típica mexicana. Pasamos por la Colonia Postales, un lugar en el D.F. donde mi familia vivió cuando solamente estaban mis dos hermanos mayores, de los cuales ellos consiguieron muchos recuerdos. Ahí yo conocí la taquería "los Palomos" de los mejores tacos que he conocido. Tú siempre me contabas que habías comido comida mexicana, o que la habías tratado de preparar pero nada nunca se comparara a la verdadera gastronomía mexicana. Y lo podías comprobar por el sabor de esos tacos, la carne no estaba seca ni demasiado grasosa, estaba en su punto exacto para poder disfrutar, y luego con las tortillas taqueras, el limón y las salsas bueno nos comimos unos 20 tacos entre los dos. Ya era de noche cuando regresamos a la casa, y ya no tenía muchas ganas de hacer nada más, después de todo mañana tenía que levantarme temprano para ir al doctor. Ahora yo era el que se quedaba recostado en tu estómago. O.M.A
