sábado, 9 de enero de 2010

Día 10102


 

Año 10 de la era cristiana.

En ese entonces era un simple mercader, el imperio romano seguía siendo la gran potencia de nuestros tiempos. Estaba en un lugar muy parecido a lo que es Roma hoy en día, pero nada es igual a aquellos años, con todos sus nuevos edificios. Como mercader tenía las ansias de conseguir nuevas mercancías de esas tierras recién conquistadas y el emperador Augusto parecía querer obtener nuevos objetos. El gran Augusto fue un buen emperador con el vimos transformado a un pueblo de tabiques a un pueblo de mármol, pero yo era un explorador y saber que podía cursar hasta Armenia sabiendo que los centuriones romanos vigilaban los caminos de posibles enemigos como los germanos sentía seguridad en mis viajes. En ese entonces me conocían como Octavius, y tenía la facilidad para aprender los idiomas de los pueblos recién adquiridos por el imperio, y quería explorar eso que se empezaba a llamar el medio oriente.

Estaba atravesando el desierto de lo que hoy se conoce como Turquía cuando mi cuerpo sucumbió ante la inclemencia de aquel lugar, me daba por muerto por seguro, no volverían a encontrar mi cuerpo en aquel lugar…

Desperté por el sorbo de agua fresca que me daban, no reconocía el lugar, solo eran sombras sin sentido, y de repente todo empezó a conseguir forma, incluso la bella mujer que me estaba dando de beber esa agua, mi armenio era básico, solamente algunas cosas que había logrado aprender por otros comerciantes que me habían contado, empecé a hablar en latín, pero no recibía una respuesta, solamente esos dos ojos más negros que la obscuridad que me quedaban viendo fijamente, no sabía si pensabas que era un demonio que venía de occidente, o si estabas tratando de entender todo lo que salía de mi boca.

Paso una semana y por fin el hambre volvía a mi cuerpo, comía cuanto me traías de comer, incluso comidas con especias que jamás había conocido antes, lejos estaba de Armenia, sabía que seguramente esto era uno de los pequeños asentamientos que se mantenían libre del imperio romano, no encontraría a nadie con quien poder utilizar mi lengua nativa. Solamente fui un observador durante estos días, pero solamente con observar iba aprendiendo el armenio, cuando volviste a atenderme, te dije shad shenorhagal te quedaste sorprendida porque pude hablar más, te decía despacio porque no entendía mucho de lo que decías, pero entendía algo que me querías decir tu nombre, Knkoush me tuviste que corregir como unas 20 veces para poder pronunciarlo bien, siento igual que cuando quise aprender a decir tu nombre ruso. Me acostumbre a la vida de tu pueblo, me volví uno más de los trabajadores del lugar, cazando, construyendo, ayudando a la comunidad. Me olvide de Augusto y su imperio, había encontrado lo que había estado buscando en mi vida.

Despierto y me encuentro a tu lado en un hotel en Chetumal, creo que jamás te lo he dicho, pero a veces hablas mientras duermes, hablas en ruso a veces, otra veces en alemán, y uno que otra vez en español, pero lo que más me gusta después de despertarme a tu lado, es que a veces sonríes por las noches, y no me pregunto si seré yo el que te estará haciendo sonreír en tus sueños porque tu sonrisa es demasiado bella como para atacarla con mis inseguridades.

Estuvimos conociendo todo lo que era Chetumal, así como la historia de su nombre, se le conocía como el lugar donde nacen los arboles rojos, curioso pero ya no veía ninguno de esos árboles rojos, solamente podía ver una ciudad inmersa de humanidad.

En el camino hacia Chetumal habíamos tomado la 307 para llegar a ese bella ciudad y ahora la tomaríamos para pasar a Mérida, creo que jamás te lo había contado pero pase gran parte de mi niñez viviendo en Mérida, de hecho recuerdo la despedida que tuvimos cuando partimos de México yo tenía alrededor de 5 años y no tenía un gran apego material por cosas como la casa, o cualquier otro objeto por lo que me fue muy fácil dejar aquella vez el lugar donde había nacido, después de todo iba a estar con mi mama y mi papa y mi hermano; recuerdo que cuando llegamos después de haber conocido por carretera México, cuando llegamos a Mérida, sentí el calor extremo húmedo que había en el lugar, jamás había sentido un calor tan intenso y sentía que me deshidrataba ya que mi pequeño cuerpo sudaba por todos lados, y sentía como el asiento del carro de mi papa me pegaba a este. Mi primera comida ahí fueron una papadzules en un viejo motel color azul turquesa, aún recuerdo ese lugar pasamos ahí dos noches mientras nos tenían preparada una casa en la unidad habitacional militar. La cebolla morada fue otra novedad para mí en mi tan corta vida en ese entonces, pensaba que mis ojos me jugaban una mal broma, pero me decían que la cebolla morada era típica de esta zona. La comida siempre fue tan deliciosa, recuerdo que esa misma noche mi papa nos invitaba a cenar a otro lugar, como niño siempre sentí una atracción especial hacia la pizza, ahora descubro que casi todos los niños sienten esa atracción, pero que será? Acaso será sus rebanadas, el queso, la salsa, no lo sé pero es un manjar, incluso cuando tienes 28 años. Me acuerdo que encontramos un lugar de pura casualidad, estaba bastante escondido, no tenía letreros de neón, ni un letrero espectacular que dijera pizzería, pero el olor era inconfundible. Entramos y recuerdo que en ese entonces a lo mucho solamente me podía comer dos pedazos sin que sintiera que mi estómago iba a explotar, era feliz con mi familia cuando era niño. Recuerdo que cuando salíamos había un muñeco del estereotipo de cómo sería un cocinero de pizzas italianas, bigote, gordito, y con las mejillas mas rojas que pudieran existir. Recuerdo que a su lado tenía un barril lleno de agua, y me asome para ver que había viendo en el fondo monedas, le preguntaba a mi papa por que estaban las monedas en el fondo, con el amor que tenía ese hombre y viendo que me interesaba por conocer las cosas de la vida, me dijo que era una especia de pozos de los deseos, donde la gente lanzaba una moneda a cambio de que se les cumpliera su deseo, me intrigo aquel mecanismo donde por una moneda se cumplía tu deseo, mi papa me ofrecía una moneda y la lance mientras veía como caía lentamente hasta donde estaban las otras, y me decía que esperaba que se me cumpliera mi deseo.

Llegamos de noche a Mérida, recuerdo que tu estuviste dormida la mayor parte del camino, pero el momento en que todas las luces de la ciudad llegaban a tus ojos te despertabas como una niña que esperaba su regalo frente a ella, y me decías solamente un wow, y con esas palabras sabía que estabas contenta de estar ahí.

El paseo de Montejo solía verse más grande cuando yo vivía aquí, pero aun así se ve igual de impresionante, ahí llegaríamos hasta el centro histórico pasaríamos por el monumento a la patria hasta llegar al centro, de ahí solamente nos tomaría un par de minutos a mi memoria y a mi poder recordar la ubicación exacta de esa pizzería, solamente recuerdo bien que se encontraba atrás del palacio municipal. Después de un rato que mi memoria y yo recordamos dimos con el lugar, y el cambio era notable ya no era ese pequeño lugar, ahora si existían los letreros de neón, el lugar ahora contaba con un segundo piso, no era de extrañarse después de todo esas pizzas eran deliciosas. Me refunfuñabas porque comer pizza, cuando te había dicho de toda la comida yucateca tan deliciosa, solamente guardaba silencio y una sonrisa, espero que ahora entiendas porque mi necesidad de visitar ese lugar. Al final de la comida ya no parecías tan enojada, porque en verdad es una buena pizza, tal vez tan buena como una pizza napolitana, las que llegaste a comer alguna vez. Para mi sorpresa aún seguía aquella figura del bigotón con su barril, no pude evitarlo y una pequeña lagrima recorrió mi mejilla, me decías si estaba bien, si lo estaba solamente la nostalgia de mis viejos recuerdos, me pase unos cuantos segundos observando el final de aquel barril, parecía que apenas lo habían pintado después de todo cuantos años ya tendrá ese lugar, me pase buscando en el fondo si aún estaría ahí en el fondo mi moneda, pero el adulto racional en mí ya no veía solamente un pozo de los deseos, pero la mente mercadotécnica del dueño del lugar para llevarse a su bolsillo unos cuantos pesos más, no dejaría que eso pasara, saque una moneda de mi pantalón, y ahora te daba el deseo a ti, diciéndote las mismas palabras que mi padre, espero que se te cumpla tu deseo, y tú me soltabas una mirada picara diciendo que ya se te había cumplido.

Encontramos una habitación disponible en el Presidente Intercontinental después de todo gracias a mi amigo, podíamos acceder casi a los mejores hoteles.

En verdad el calor es insoportable incluso con el aire acondicionado, sudamos todo lo que comimos en el viaje por el centro, y admiramos algunas partes del centro histórico, aún seguían existiendo estas viejas calandrias, con sus caballos blancos que nos dieron un tour por el centro histórico, tu seguías tomando tus fotos, aun con tus inseguridades de que no lograbas tomar fotos únicas, yo te trataba de entender y decirte que tus fotos eran únicas, pero creo que jamás entendiste, después de todo esa no era mi especialidad la fotografía, es como si tú me trataras de decir de libros y de escritura, simplemente quise guiarte para que entendieras que tus fotos eran originales, al igual que tu hacías con cada cosa que yo escribía.

O.M.A

P.D. Creo que estoy aprendiendo algo nuevo de ti unas muecas que haces cada vez que tomas una foto que no te parece original, es como entre una expresión de desagrado y un pequeño puchero, incluso esa cara que haces la amo, como amo todo lo que haces.

0 comentarios: