jueves, 15 de octubre de 2009

Día 10035

Me había vuelto un esquizofrénico en estos últimos meses, había perdido casi todo el contacto con la realidad. Homero me había estado visitando últimamente y eso me había hecho mejorar, platicar con una mente tan brillante. Venia y se quedaba un tiempo en el cual platicábamos. A veces me sentía como David Helfgott que era un genio con esquizofrenia. Siento el problema que tengo para articular palabras correctamente y tener una conversación lógica. Solamente mi forma de escribir queda intacta lo único que me permite transmitir toda esa genialidad que tengo.

Este último mes había logrado escribir una pequeña novela o cuento corto, sobre mi estado un hombre esquizofrénico que no encontró la salvación por alejarse de la humanidad, como me lo había prometido todos mis personajes principales recibirían mi nombre. Después de todo esto era lo que me habían dejado mis padres, este nombre.

Homero me daba una buena noticia por fin el doctor K. Tari por fin iba a venir a México para checarme y ver si se podría operar mi tumor. No sé si era una mala jugada del destino o una casualidad enorme que el nombre del doctor también empezara con <>, tal vez esta letra siempre ha tenido una gran importancia en mi vida. Decidí creer que no me importaría esta coincidencia y tuve felicidad por un momento.

Fuimos a la Clínica Neurológica sentía que había pasado una eternidad desde la última vez que había estado aquí; de hecho había perdido la noción del tiempo sobre que día era en el que vivía, no sabia en verdad si era un lunes o un viernes, pero sabia a miércoles. Llegamos y ahí estaba todos los neurólogos que me habían visto la vez pasada y el doctor Tari. Parecía un hombre simpático o por lo menos eso es lo que te hacen ver todos los hindús. Pero dentro de el se veía algo más que alegría, sabía que tenía frente a él uno de los retos más grandes en su carrera, y parecía como un niño que deseaba probarse ante todos que él era el mejor.

Me había dicho que había estado revisando todos mis estudios y que ya estaba bastante familiarizado con mi caso. Me hablo de todos los casos que el había tenido la oportunidad de operar, y como en todos sus casos su tasa de supervivencia era mayor al 90%, pero que jamás había tenido un caso como el mío. Me hablo de todo lo que haría en la operación tendrían que hacer una operación con el cerebro expuesto, y que con unas maquinas precisas, llamadas Da Vinci haría la operación cuidadosamente sin dañar el cerebro, tratando de remover todo el tumor, sobre todo tratando de que los nervios que se encontraban pegados al cerebro fueran removidos sin que el aneurisma explotara y eso me matara en la operación. Me explico todo para que yo viera todo lo que el haría el día de la operación y para que de alguna manera me dijera que no habría problemas.

La operación se haría en junio, más de un mes antes de mi cumpleaños. No tenía nada que perder, simplemente le dije hagámoslo, esperando que este tiempo pasara rápido y esperar todo, encontrarme en esa mesa fría de operación viendo la luz de xenón blanca en el quirófano.
Homero me fue a dejar a mi casa, diciéndome que descansara un poco, que no me preocupara más por esto. Trate pero esto es todo lo que puedo pensar últimamente. No tengo nada más a que aferrarme.

Encontré tres mensajes en mi contestadora, en todos colgaban, siempre me parecía estúpido que las personas no dejaran ningún mensaje, si ya llegaron hasta tal momento para hablar y no encontrar a la persona, lo menos que podrían hacer es dejar un breve mensaje del asunto.
Iba a subirme cuando el teléfono empezó a sonar otra vez; era tu, una llamada que en verdad no esperaba, pensando que tal vez había sido todo una ilusión por mi tumor, que siempre habías sido una ilusión y que ahora simplemente el tumor me había quitado esa felicidad.

No te reproche nada, no estaba enojado, no estaba con una actitud de ser el hombre que habías dejado esperando otra vez. Al contrario trate de articular las palabras correctamente, pero todavía me costaba tratar de hablar correctamente. Tu voz si sonaba diferente, sonaba cansada, desesperada como ganas de dar un grito de desespero y dejar que todo acabara en ese momento. Me contabas que tu trabajo te exigía demasiado, más de lo que le podías dar, y que simplemente ya estabas cansada de eso, que ahora simplemente deseabas quedarte en un lugar fijamente y no estar cambiando constantemente cada día, para complacer a tus jefes. De hecho no podía decirte nada inteligente, no podía ni siquiera pensar en palabras adecuadas para apoyarte, solamente te escuchaba.

Me pedias que te contara algo lindo, tal vez para despejar tu mente. Pero yo mismo no tenia nada hermoso que contarte, estos últimos meses habían sido un infierno y por un momento te pensaba decir que ya era mi quinta novela en proceso de publicarse. Pensé que tal vez eso te alegraría al ser mi fanática número uno, pero pensé que eso era algo que me debería de alegrar a mí y no a ti. Luego pensé en contarte algo que me había pasado de pequeño, mi mama siempre me llevaba a caminar y jugar en el parque por las tardes, siempre nos íbamos los dos caminando ya que mi mama jamás aprendió a manejar y no podíamos depender de mis otros hermanos o del general.

Un día fuimos a una nevería, cuando eres niño los helados parecen ser lo más grandioso que existe en la vida y no hay otras cosas que te puedan producir tanta felicidad, como una bola de nieve puede crear tantas sensaciones. Aun recordaba como ahí en la nevería yo estaba comiendo mi cono de helado y como por distraerme se cayó, y ya no pude disfrutar más mi nieve.

Recuerdo que empecé a llorar como si me hubiera golpeado, o como si me hubieran dado alguna mala noticia. Recuerdo que parecía que nada me podría consolar, hasta que llego una mujer que me ofrecía una sonrisa mientras me acariciaba mi brazo. Me tranquilizo mientras mis lágrimas recorrían mis mejillas y en mis ojos se desbordaban las lágrimas todavía no hechas. Me daba una gran sonrisa mientras ella me ofrecía su nieve, recuerdo que eso me alegro otra vez, mientras le daba un beso inocente en la mejilla, en señal de gracias. Pero ahora que vuelvo a revivir ese momento no se si mi mente me esta jugando una mala pasada, pero recuerdo perfectamente que esa mujer eras tu, con tu misma sonrisa, el mismo color de cabello inclusive con tus lentes. No lo entendía había creado el recuerdo o en verdad paso; ya no sabia si podía distinguir la realidad. Mi historia parecía tranquilizarte, obviamente no te dije la parte en la cual eras tu, pero parecías entender perfectamente que me trataba de referir a ti. Siempre tuvimos esto, esta clases de pláticas con la cual no nos hubiéramos podido entender con nadie mas.

Eso me daba miedo, dejarte así. Tal vez no dejarte sin mí, porque al final de cuentas pensaría que podrías encontrar un nuevo amor, pero que se te olvidara esta forma de ser, esta forma en la cual somos nosotros mismos.

Estabas un poco mas relajada, y nos despedimos. Pensé si esa sería la última vez que escucharía tu voz, y yo solamente te dije adiós, a veces en verdad soy demasiado torpe para decirte que te amo, porque eso es todo lo que quiero decir a veces, te amo, no me importa si tu lo haces o no, se que por lo general donde existe amor por parte de una persona, la otra también lo empieza a generar.

O.M.A

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