Otra vez mi vida se resume en subir a un avión y viajar, y darle una buena cara al lector. Que vida tan sencilla llevo, viajando como un desconocido a lugares que no conozco, creando nuevas experiencias de recuerdos, creando castillos de recuerdos de lo que hago. Que vida tan sencilla. Quisiera decir que mi vida está llena de amor, pero en realidad está llena de amor a medias, a medias porque sé que te amo tanto, pero sin embargo tu pareces dudar siempre de esto, carajo mujer, no quiero tener un amor a medias, quiero tener un amor lleno de caricias y recuerdos, quiero que seas mi confidente, con la que camino por la calle los dos abrazados de la mano, teniendo nuestras locuras que solo los dos entendemos. Cada día me cansa más tu indiferencia.
Llegamos a Córdoba, una de las ciudades más hermosas de Argentina. En verdad se puede ver su influencia parisina en los edificios, la distribución de la ciudad mas bien parece armónica, como si se hubiera tomado mas tiempo para construir esta ciudad. El aire huele extrañamente similar al aire mexicano; añoro mi país otra vez y volver a mi casa a descansar. Incluso puedo notar un poco similar al aire ruso y a ti…
Llegamos al hotel, esta vez decidí armarme de valor y revisar tu correo. Pensé que en ellos me harías ver que no volverías, que tu vida no te permite seguir con esta ilusión distante, que no tienes la fuerza necesaria para resistir. Pensé que te volvías a despedir una vez mas de mi vida.
Pero afortunadamente no fue así, al contrario encontraba emociones profundas en unas cuantas líneas. Cuando lo había abierto, esperaba un gran correo con muchas experiencias y cosas que hayas hecho en estos días, pero por un minuto me desilusione por encontrar solamente tres líneas. Pero conforme fui leyendo esas tres líneas me expresabas tantas cosas que si hubiera sido alguien mas no hubiera entendido que querías decir, pero sabía exactamente lo que me querías expresar, y mi alma, se lleno con esa conexión que siempre ha existido entre nosotros. Pero no te pude escribir nada, no te pude decir nada bueno, decirte que te extraño que estos días sin ti han sido en verdad miserables, que mis alegrías son pocas, porque no existe mejor cura para la tristeza que tu sonrisa, que no existe mejor medicina que tus caricias en mi cabello. Solamente te pude decir que estaba en Córdoba, y que el aire parecía mas cargado de lo de costumbre, parecía que el aire ruso se había trasladado conmigo.
Decidí dormir porque mañana seria un día ajetreado, sabía que la noche seria larga, ya que en esa obscuridad dibujaría tu rostro con colores, para alegrarme la noche, y sentir que por lo menos estarías un poco más cerca de mí, por lo menos esas imágenes que crearía en mi cabeza, harían que el cuarto no parecía tan sombrío, que la alegría vuelve a mi corazón aunque sea por un solo momento.
Y desperté con golpes en la puerta, era Sergio pidiéndome que estuviera listo para salir, desayuna, e ir a la librería, no estaba seguro si seria en ese orden, pero debía de estar presentable. Hace tiempo me había dejado la barba, después de haber sido tan lampiño por fin esos dos o tres pelos que salían, se convirtieron en varios para formar una barba. Una barba que tenía ya sus canas, y que me hacia sentir por lo menos 5 años mas viejo. Decidí cortarla, al fin y al cabo sabía que ese reflejo en el espejo de un hombre viejo era en realidad una mentira, ya que mi alma se sentía tan joven, aunque tuviera tantos siglos existiendo.
Sergio pareció sorprenderse por mi nuevo look, pero decidió no hacer ningún comentario para que yo no pensara mal de el; fue una buena elección. Pasamos por el bulevar Chacabuco, y me hizo recordar estas viejas filmaciones de Nueva York, Chicago en los años 20, donde no había una clara distinción entre los carriles y pareciera que solamente por civilidad la gente no se atravesaba al carril de contraflujo. Los edificios también parecían tener esa nostalgia de vejez. Esa nostalgia de edificios que tuvieron sus mejores épocas antes, pero por el puro recuerdo sobreviven todavía. Por fin llegamos era una de las más grandes librerías que había conocido, como si fuera la biblioteca de algún viejo acaudalado en la cual se encuentran libros tan viejos como los de Newton, Shakespeare, Aristóteles. Me sentía como en casa, rodeado de libros, de miles de aventuras que cuentan sus paginas, de nuevos amigos por descubrir. Muchas veces sentía mi vida como si hubiera sido escrita por algún mal escritor que decidió que mi destino no era ser feliz a tu lado, y que debíamos de pasar la vida, desapareciendo y volviendo en nuestras vidas, como si eso le diera placer a cada una de las páginas que escribe.
Decidí esta vez no parafrasear algunas líneas de mi libro y quise expandir el conocimiento del amor que tenía hasta el momento. Trate de decirles a las personas que asistieron que el amor es un valor universal equivocado, que aunque llegara a existir diferentes tipos de amor, siempre habrá un amor que es superior al de todos. Para algunos será el Dios al cual le rinden culto, para otros será lo maravilloso que son ellos, para otros cuantos el amor será esa felicidad por ver una sonrisa con la persona que comparten la cama, y que un amor de este tipo si es real puede incluso durar 1000 años. Parecía llenar de dicha las almas de los presentes, y la mía se sintió orgullosa de mi por un momento por tratar de darles palabras de amor incluso cuando yo tengo conflictos con mi amor.
Por fin termino todo por el día, y Sergio me decía que volviéramos al hotel pero yo no podía volver aun, no sin ir a esta lugar, por lo que decidí que Sergio se fuera al hotel y yo deambular por las calles cordobesas hasta encontrar mi destino.
Y ahí mientras llegaba a mi destino veía a la gente ocupada en lo suyo, siendo indiferentes ante los demás, tratando de no toparse unos con otros, porque eso hubiera sido desastroso para ellos, tener un roce con otro humano y luego tener que disculparse hipócritamente, olvidando la situación apenas se volteen.
Y por fin llegaba a la Cañada, a este pequeño rio que otra vez se asemejaba a un rio parisino, como si fueran hermanos distantes en continentes lejanos, en hemisferios diferentes. La tarde llegaba para alejar al sol y darle paso a la luna blanca. Los faroles junto al rio uno a uno se iban prendiendo, como si debieran de darse un tiempo para que cada uno alcanzara su máximo esplendor. Y ahí estaba yo sentado a la orilla viendo hacia abajo el rio, el movimiento del agua y su peculiar sonido, lograban hacer olvidar que esto se encontraba dentro de una ciudad con mucho movimiento.
Y ahí estuve un momento contemplando todo este escenario y como los niños llegaban con sus padres para jugar, para divertirse, el amor de una familia, el amor por un hijo, cosa que yo no había experimentado aun, pero parecía tan natural para mi, como si fuera uno de mis instintos primarios darle amor y sabiduría a estos seres pequeños que necesitan de un adulto. Creo que mis sobrinos fueron mis tutores en esto, siempre los he querido mucho y para ellos yo nunca fui un adulto con sus reglas complicadas, simplemente era un niñote grande que podía jugar con ellos a placer.
Era hora de irme y curiosamente el aire llegaba otra vez a mi rostro y hacia que yo levantara la cara, veía cada una de las hojas de los arboles tratando de aferrarse a la rama para no salir volando por este aire, como si no quisieran apartarse de su progenitor todavía. Me acorde de los arboles en otoño que compartí contigo en Rusia como el follaje de las hojas iba debajo de nuestros zapatos y el particular ruido que hacia cada hoja cada vez que pasábamos encima de ellas. Por un momento no estaba en Córdoba estaba de regreso ahí contigo en Rusia, caminando por el parque, hablando de las verdaderas cosas que importan en la vida, y no solo de trivialidades. Por un momento volví a sentir la dulce miel de tus labios, y ese calidez que solo puede ser producida por un humano. Luego recordé que el camino al hotel seria muy solitario…
P.D. La stranezza di un celo che non e il tuo, e il nostro
O.M.A
jueves, 1 de octubre de 2009
Día 9847
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