Por fin un poco de descanso antes de partir a otro lado. Tenía unas cuantas horas para por fin darle un orden a mis pensamientos, antes de partir hacia Rosario. Íbamos a volar hacia allá en la noche y mañana tendría que hablar ahora en una convención sobre los nuevos representantes de la literatura. Ni yo mismo me podía creer esto solamente hace un par de años atrás, cuando fui rechazado por varias editoriales perdía la esperanza de convertirme en un escritor decente. Ahora participaría junto con otros autores en esta exposición y tendría tiempo para promover mis libros. A veces cuando uno tiene sueños mas grandes y fuertes que las personas que los quieren desgarrar los sueños poco a poco se vuelven realidad.
Decidí sentarme frente a mi laptop y escribir un poco mas de mi nuevo libro. Tenia ideas en mi cabeza que la rondaban tratando de ser concretadas como un kamikaze logra su objetivo final. Pero todas querían hacer un ataque al mismo tiempo y me distraía fácilmente al no poder distinguir las ideas buenas, de las que solamente quedan en el camino. Extrañaba mi vieja máquina de escribir. Alguna vez leí que un buen escritor no debería de utilizar las herramientas modernas como un recurso para la escritura, nada sustituye al olor de tinta de una máquina de escribir y los golpes fuertes que uno debe de dar para que las letras terminen en papel. Pero no podía cargar por todos lados con mi maquina, por lo que me debía conformar con la tecnología. Al fin de cuentas si Shakespeare hubiera visto las maquinas de escribir hubiera dicho que nada sustituye las letras que vienen del puño de una persona.
Y ahí junto a mi laptop tenía una foto tuya, sonriéndome eternamente, mirándome y diciéndome todos sus secretos, y cuando reaccione vi que yo también le estaba sonriendo, a una foto solamente… Solo pude imaginar cuantas veces habré sonreído de reflejo de ver tu mirada, cuantas veces te habré besado por hacerme sentir querido. Cuantas veces caray!
Y seguí machacando las letras del teclado, poniendo mis ideas para que cobraran sentido, y de repente el teléfono sonó. Pensé que sería Sergio dándome una actualización del viaje. Levante la bocina diciendo un hola casual, como si no esperara que fuera nadie importante. Del otro lado del teléfono solo se escuchaba silencio, pensé que había desanimado a la persona que tal vez solamente quería tener una conversación casual. Volví a decir hola, y por fin se escucho un suspiro y eras tú. Mi corazón literalmente se detuvo por una fracción de segundo y volvió a bombear sangre, y una expresión de felicidad venia a mi cara. Me hablabas desde Rusia con una voz débil, tímida, ahogada, triste. Mis pies no pudieron contener el peso de mi cuerpo y ahí estábamos los dos uno de cada lado del teléfono, y solamente un silencio descomunal. Ahora eras tú la que rompía este silencio me dijiste que te alegraba escuchar mi voz; a mí me alegraba también escuchar tu voz, aunque fuera con esa debilidad que ahora cargabas.
Empezamos a hablar tranquilamente, me comentabas sentimientos parecidos a los que yo tenía. La noche parecía más desgarradora ahora que volvíamos a estar solos. Que volvías a cocinar para una persona, que no te volvías a sentir en el lugar correcto, todas eran emociones negativas. No quise decírtelo otra vez pero parecía que mi boca cobraba vida propia y te volvía a decir que nos visitaras en México. No hubo respuestas de tu lado y trataste de cambiar el tema sutilmente. Me dijiste que el viento traía una vieja canción conocida para mí. Me acerque hacia la ventana, te pedí que vieras el cielo estrellado, recuerdas aquella estrella solitaria? Me dijiste que no podías evitar llorar, yo trague saliva y no pude decirte más que llora haciéndose un nudo en mi garganta, porque no te podía decir algo tan estúpido como no lo hagas, como aguántate, o preguntar por que llorar; a veces el cuerpo, el alma tiene que expresar sus más profundas emociones y evitarlo seria, como evitar que el sol saliera por un día en la Tierra. Yo escuchándote llorar, mi cara llenándose de gotas de sal que salía de mis ojos, tratando de que no me escucharas, porque sabía por qué llorábamos. Me dijiste que mejor te ibas, te pedí que no lo hicieras, que si no querías decir ya nada, solamente nos quedáramos en silencio, yo imaginando que tu estabas ahí conmigo en esa habitación de hotel, en esa cama, y pensar que no había problemas para nosotros que todo estaba bien. Después de unos momentos de puro silencio por fin dijiste algo y te despediste, yo esperando que pronto volviera a saber de ti. No te dije que te amaba porque pensaba que ya estaba implícito entre nosotros dos, como si no fuera necesario más que vernos en los ojos, o por el tono de nuestra voz.
Y ahí estaba yo con mi nana volando hacia Rosario, llegamos de noche a la ciudad y la vista era espectacular su costa hacia el mar, los barcos rodeando la costa, el malecón callado los pocos carros que todavía circulaban por la calle. Este es mi tipo de ciudad, tranquilo, no mucha gente reunida en un lugar, un lugar donde la tecnología tiene su auge, simplemente una muy hermosa ciudad.
Nos quedamos en el hotel del aeropuerto solamente estaríamos un día aquí y volveríamos a Buenos Aires, para viajar hacia Uruguay. Estaba ansioso de pisar esas tierras, tenía que ir a visitar a un viejo maestro mío.
Dormí tranquilamente en aquella cama, tan grande como todo mi cuerpo. Tan tranquilamente como el gato que puede dormir en cualquier rincón de la casa. Dormí por primera vez sin sufrir por la inagotable sensación de no tenerte para abrazarte.
Y tuvimos la conferencia en Rosario, me sentía pequeño ante la talla de semejantes autores que tenia ante mi presencia, pero ahora era respetado por ellos, sabían que eran uno de ellos. Algunos me saludaban de manos y me expresaban admiración por mis novelas. Otros me hacían un gesto amable conforme pasaba ante ellos. Sabía que aun me faltaba mucho para considerarme de los grandes, y que siempre buscaría la forma de mejorarme, de transmitir mas emociones a mis lectores. Y me tocaba mi turno al estrado, en medio de reporteros que fueron a cubrir el evento, autores, futuros autores, lectores, y uno que otro colado que llego a esa escena por pura casualidad.
Les platique un poco de mi historia de cómo las letras llegaron a mi vida. Les decía que desde que tenía 15 años intentaba con mis escritos, aunque no les hable de las cartas. Les decía que durante la preparatoria había crecido mi amor por los escritos de otros, por querer entender su mundo y sumergirme ahí. Pero fue hasta que conocí mi inspiración que pude escribir lo mejor de mí. La gente siempre me preguntaba si mis libros estaban basados en alguien, siempre lo negué, aunque ahora tu tienes la verdad en el libro que te dedique.
Todo marcho bien, me gusto esta reunión de autores, y sus diferentes ideas, creo que me ayudaron a expandir mi universo y poder compartir con ellos y aprender.
Sergio me apuraba para subir al taxi y viajar de nuevo hacia el aeropuerto. Ojala existiera una forma de viajar más fácil. Se había propuesto poner estos elevadores espaciales para hacer la vida más fácil, pero aun faltaba demasiado para que esto dejara de ser una idea loca de Julio Verne. Pero mientras tanto tendría que aguantar el zumbido en mis oídos de estar escuchando tantas turbinas.
Quisiera estar en este momento contigo K… hacerte sonreír, que me hagas sonreír, decirte que no te amo, solamente para que mediante juegos me hagas decirlo, esperarte, besarte, oler tu pelo, caminar los dos por las calles que tan bien conocemos, emocionarnos como dos niños que no tienen miedo a nada, sentir todo como si no existiera el mañana. Veo la luna y me relaja me hace olvidar toda mi filosofía y solamente me quedo contigo y conmigo.
O.M.A
viernes, 2 de octubre de 2009
Día 9849
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario