martes, 20 de octubre de 2009

Día 10071

Me había levantado muy temprano, a las seis de la mañana no había podido descansar muy bien. Pensaba que te tenía a un cuarto de distancia y en vez de haberte dejado dormir me había puesto a la defensiva. También era una costumbre militar que agarre, no lo podía evitar.
Salí de la recamara principal y vi que el cuarto de visitas estaba cerrado, pero se escuchaba ruido. Me imaginaba que tú tampoco habías podido dormir pero por diferente razón, todavía estabas acostumbrado al huso horario del otro lado del mundo. No toque la puerta y mejor decidí esperar cuando tu estuvieras lista para salir.

Fui a mi estudio a mi vieja máquina de escribir y empecé a escribir un poco. No tenía ideas claras de que era lo que quería escribir, empecé con una historia corta de un viejo llamado Omar que se quedo solo en el mundo simplemente porque se alejo de toda persona que el amo. No era una buena historia ya la gente de por si tiene sus problemas como para sentirse triste por un viejo imaginario de un libro. No tenía nada, decidí ir rápido a la tienda a comprar un poco de comida.
Regresaba y todavía no salías, me dio tiempo de poder preparar unos omelettes de champiñones para el desayuno. Empezaba a escuchar mas ruidos en la parte de arriba me imagine que te estarías arreglando. Subí para avisarte que estaba haciendo el desayuno pero al parecer te estabas bañando. Los omelettes ya estaban casi listos y el aroma invadía toda la casa, abrí un poco la puerta de la cocina para que el olor fuera saliendo un poco. Creo que el aroma te atrajo y bajaste dándome los buenos días. Tu cara se veía cansada un viaje tan largo y luego no poder dormir no deja nada bueno. Te di los buenos días mientras te ofrecía tu omelette y un vaso de jugo de naranja. Parecías tener mucha hambre y el aroma hacia que los deseos de devorarlo fueran incontrolables.

Ahí estábamos los dos disfrutando del desayuno en mi vieja cocina, saboreando los champiñones con el jugo, no diciendo en realidad nada importante, solamente que el omelette estaba bueno. Comíamos despacio mirándonos de reojo a veces, ahora tu también parecieras tener incertidumbre, o tal vez pensabas que no había sido tan buena idea haber venido desde tan lejos para encontrar un hombre que parecía desconfiar de ti.

Recogí los platos y vasos y los puse en el fregadero, mientras te ponía un poco de agua a hervir para que tomaras tu té, mientras yo me servía mi taza de café matutino. Espere hasta que tu agua estuviera lista para el té, y nos acompañáramos. Aun no me atrevía a preguntarte cuanto tiempo te quedarías pensando que mi pésima actitud ahora haría que te fueras más pronto. Me comentabas que no habías dormido nada y que ahora tenías un poco de sueño pero que no querías dormir, querías pasar más tiempo conmigo, mientras acariciabas mi mano con la tuya, mi corazón volvía a latir rápidamente, como si el instinto previo a una gran acción hiciera que la sangre fluyera más rápidamente, al saber que la mano que me tocaba era la tuya. No pude frenarme mas y empecé a besar tu mano lentamente, con mi objetivo final tus labios. El teléfono empezó a sonar interrumpiendo todo.

Era Homero quien quería asegurarse que estaba bien, le dije que todo estaba bien que no debía preocuparse mas por mí, que el tumor y la operación no me vencieron entonces ahora yo sabía que no me detendría. El momento fue interrumpido y ya no parecíamos estar en sincronía.
Te dije que tenía que escribir un poco, estaba tratando de tener una nueva novela, y aun tenía que escribir lo que yo he pensado será mi gran legado para la humanidad, “El proyecto de Instrumentalización Humana” siempre tuve un deseo para ayudar a la gente a comprenderse mejor, aunque yo también no me comprendiera a veces quería que la gente tuviera una guía para tratar de entender a esa viejísima pregunta que aun la gente no ha podido responder del todo bien, ¿a que venimos los humanos a este mundo?. Ahí estabas tu leyendo un poco las hojas que ya tenía lista, las ideas que tenia regados por el escritorio, algunas cosas te hacían soltar una pequeña sonrisa, otras te hacían pensar.

Yo seguía teniendo mi mirada fija en lo que escribía y había veces que perdía el sentido de que tu estabas también ahí. De repente te levantaste y empezaste a observar ese estudio, en el cual yo había pasado tantas cosas. Te pusiste a ver las paredes, ahí estaban las fotos de todos mis hermanos y la mía cuando éramos niños, y abajo estaban nuestros títulos de universidades importantes adornando lo que mi papa pensaba era su más grande orgullo. Te pusiste a ver mis libros que tenia, eran enciclopedias viejas que ahora ya no parecían tan útiles toda esa información que alguna vez venia exclusiva en las enciclopedias podía ser encontrada con facilidad en internet, el mundo había cambiado mucho desde que mis hermanos tenían que buscar información a través de una enciclopedia. Ahí encontrabas unos viejos álbumes de fotos y te pusiste a hojearlos.

Me empezaste a preguntar sobre los lugares en los que fueron tomadas las fotos. Yo no te pude ignorar y decidí acabar por hoy de escribir. Te acompañe en aquel sofá y me puse a ver las fotos contigo recordando viejos sentimientos, muchas de las fotos que tenia era cuando tenía 7 u 8 años, cuando nos cambiábamos de lugar muy seguido. Tenía unas fotos de cuando vivíamos en Mérida, de las pirámides, del centro de Mérida. Había también de otros lugares, Acapulco, Veracruz, Cancún, etc., había viajado tanto de niño que había veces que ya no recordaba el lugar donde habían sido tomadas. Parecías maravillada por tanta belleza de diferentes ciudades de México; también parecías enternecida por verme cuando era muy pequeño siempre tenía sonrisas en todas mis fotos, recordaba que era muy feliz, antes de que me complicara las cosas en mi pequeño mundo. Creo que la únicas otras fotos en las que en verdad soy totalmente feliz son las que nos tomamos cuando yo estaba en Rusia…

Te dije que tal vez sería bueno que fuéramos a caminar, y así también conocerías el lugar en el que había crecido el que conocía perfectamente. Fuimos caminando entre tantas casas, entre tantos viejos recuerdos, te comentaba que yo sacaba a pasear a mi perro por aquí, como nunca había aprendido a andar en bicicleta, pero que eso no importaba, como una vez me había caído por ahí y me había hecho una herida que todavía se notaba en mi pierna.

Llegamos a lo que se llama la zona azul, un sector comercial pequeño para los “satelucos” ahí había de todo restaurantes, helados, salones de belleza, panadería, etc. Fuimos pasando por todos los negocios hasta que nos quedamos a comer en uno de sushi. Parecías ya cansada y empezabas a bostezar me imaginaba que ya a esta hora tendrías ganas de estar en tu cama y dormir. Pero aguantabas sabias que tu eras una exploradora y que la emoción de conocer un lugar nuevo era mas fuerte que cualquier cansancio que tuvieras.

Terminando la comida fuimos por helado, a la misma heladería que mi mama me llevaba, no había cambiado mucho de hecho permanecía igual que cuando yo tenía 5 años. Y de repente la imagen volvía a mi cabeza, es como si hubiera mezclado un recuerdo pasado con lo que estaba viviendo en ese momento. Nos pusimos a descansar en una de las bancas, mientras veíamos a las personas pasar, aun seguía siendo un poco torpe y se me cayo mi bola de helado, esta vez no lloraba, simplemente me reía y tú me acompañabas en la risa.

Me dijiste que me darías un poco de tu helado, y no pude evitarlo más que darle una mordida grande dejándote casi nada de helado. Tu cara de sorpresa me daba un ataque de risa con todo el helado en mi boca, me reclamabas y me decías que te diera tu helado de regreso, te acercabas y me dabas besos. No se que tenemos tu y yo con los helados y los besos, pero se siente muy bien.
Fuimos de regreso a la casa, tomándonos nuestro tiempo, ahora parecíamos estar un poco mas sincronizados y nos íbamos riendo profundamente. Como siempre la gente que pasaba se nos quedaba viendo como si pensaran que nos estábamos drogando, pero no se daban cuenta de que para la felicidad pura no se necesita una droga simplemente estar con la persona adecuada.

Llegamos e inmediatamente no aguantaste llegaste y te acostaste en uno de los sillones de la sala, mientras yo ponía un poco de música como para que el sonido te fuera arrullando mas. Pensé que el día ya se habría acabado para ti y dormirías hasta el día siguiente por lo que te cargue y te lleve hasta el cuarto de huéspedes. Me puse a hacer unas cosas que tenía pendiente y me fui a la cama tarde.

Pensaba en que había sido un buen día hoy, esperando que todo se fuera mejorando poco a poco. No podía dormir bien. De repente escuchaba que tocaban a mi puerta. Pensé que necesitarías algo por lo que abrí rápido, me decías que no podías dormir otra noche si no fuera conmigo, yo también lo sabía, eso era lo que no me dejaba dormir, por lo que te deje pasar a mi cuarto. Sabía que desde esa noche tendrías un lugar en mi cama para siempre.

O.M.A

0 comentarios: