Las mañanas siempre saben mejor a tu lado; es como si no necesitara el sol para alumbrar el cuarto, cuando tu rostro es lo que alumbra mi alma. Despertaste a eso de las nueve, parecías haber descansado lo suficiente para tener otro día de emociones. Parecías bastante contenta con despertar con un rostro bastante conocido, acariciabas mi barbilla y suavemente tu mano recorría todo mi rostro, más viejo que cuando me conociste. Parecías llevar mejor la cuenta que yo de las canas que me salían y me decías que tenía dos nuevas amiguitas en la parte de enfrente de mi cabello. Solté una carcajada porque sabía que lo decías con una malicia bondadosa, sabias que yo estaba envejeciendo más rápido que tu, sobre todo con las canas. Pero yo también podía tener esta malicia bondadosa, te dije que ya tenías arrugas junto a los ojos cada vez que sonreías, ahora tu reías y me decías “malvado milagrito”.
Pensaba que sería mejor ir a desayunar esta vez y disfrutar de un hermoso día soleado, saltaba de la cama con ánimos quitando las sabanas para que tu también salieras de esta; después de unos cinco minutos finalmente cediste.
Me imagine que no sería muy emocionante solo conocer Satélite, después de todo no había muchas cosas que ver en esta zona, solo habría centros comerciales, casas, algunos parques, también antros para salir en la noche, te llevaría al D.F. pero primero quería que conocieras el lugar donde había crecido, puna parte de mí, es la esencia del lugar donde he vivido la mayor parte del tiempo.
Fuimos a Plaza Satélite, uno de los iconos de Satélite, junto a sus torres. Ahí fuimos a comer a Sanborn’s un lugar típico para comida mexicana. Como es costumbre en todas las mañanas estaba lleno de personas mayores de 40 años, parecíamos perdidos entre todas esas personas mayores.
Finalmente logramos obtener una mesa, y llegaba nuestra mesera, parecías asombrada por el uniforme típico que llevaba puesto, lleno de colores tan brillantes, como lo eran supuestamente las “adelitas” de la revolución, te parecía tan maravilloso un detalle tan insignificante para alguien que nació en México, pero a través de tus ojos era algo nuevo y hermoso. Eso me daba una idea pero primero debía hablarlo con el cuerpo.
Yo pedía unos tecolotes rojos, era lo que mas me gustaba de ahí, tu pedias unos chilaquiles verdes con frijoles fritos y un jugo de naranja con nopal. Era la primera vez que comerías autentica comida mexicana en México, después de todo nada se puede comparar a tener la experiencia culinaria de un país.
Me servían una taza de café, era de los más deliciosos que había probado en toda mi vida, y te invitaba a que lo probaras aunque sabía que tu preferirías el té. Estabas renuente a probarlo hasta que la camarera y yo te convencimos. Tomaste un pequeño sorbo así tal cual el café negro, estaba demasiado amargo. Te pase un poco de crema y azúcar, se los pusiste hasta mezclarlos en su totalidad con la cuchara, pero no parecía que tuvieras ganas ahora de volverlo a probar después que te dejara la boca amarga, y le diste un sorbo todavía mas pequeño, pero sabía que ahora si te había gustado, tus ojos se abrieron mas, sorprendidos de lo bien que sabia ahora. No podías dejar de tomarlo, sabia que había hecho una adicta al café de Sanborn’s.
Nos trajeron nuestro desayuno y olía demasiado bien; tal vez era el hambre por la hora, tal vez en verdad olía demasiado bien, pero seguramente era la compañía que invitaba al buen olor.
Era como si tu me cambiaras, no, mas bien me reformabas siempre he sido una persona que come todo demasiado rápido pero cuando estoy contigo los alimentos parecen necesitar ser masticados mas lentos, para poder saborear cada ingrediente, como si estando a tu lado todo supiera mejor.
Acabamos el plato principal y nos ofrecieron algo de postre, yo estaba demasiado lleno, pero tu todavía querías saborear mas cosas, y pediste un flan, pensaba que irías a estallar por tanta comida, jamás fuiste una persona gruesa, pero comías igual que yo, inclusive tal vez un poco mas.
Saboreabas tu flan mientras yo tomaba lentamente mi café. Estaba demasiado sabroso lo podía notar por las muecas que hacías cada que lo probabas, me dabas con tu tenedor un pedazo del flan y podía sentir todos esos sabores que hacían tus muecas, estaba perfecto, la suficiente textura y la suficiente dulzura, no había más palabras mas que probarlo. Se me hacia curioso que todos los postres los trataras de probar con tenedor incluso el helado, cuando yo era al revés yo probaba todo con cuchara, pequeños detalles de la vida que te hace valorar mas a la otra persona.
Pague la cuenta y lo mejor era que camináramos por todo Plaza, me sentía como una chinche que había comido demasiado y no podía moverse sin caer por su propio peso.
Caminamos por un buen rato viendo todas las tiendas que había, aunque no tenían nada de especial, todas las tiendas son muy parecidas en cualquier parte del mundo, pero era parte de la vista del recorrido, algo que llamara la atención a la vista.
De repente se empezaba a escuchar música en vivo, parecía venir de todos lados, es como si me llamara para detenerme un momento y poder apreciarla. Corrimos hasta donde se encontraba y las notas parecían mas hermosas, estando cerca de los instrumentos. Era una pequeña orquesta que tocaba como parte de los eventos culturales que tenia Plaza Satélite. Nos quedamos un rato escuchando la música sin decir ninguna palabra, solamente siguiendo el ritmo de la música.
Veíamos que dentro de seis días habría un evento de danza de vientre, al cual me insistías que no deberíamos de faltar, no me pude negar seria impresionante ver algo así.
Regresábamos a la tranquilidad de la casa. Yo tenía que seguir escribiendo; en unos días tendría que llevar mis avances al cuerpo. Por un rato me estuviste acompañando, tu sentada en un sillón viéndome fijamente en lo que yo hacía, llevabas un pequeño cuaderno, parecía que tu también estuvieras escribiendo, pero estaba demasiado concentrado y no te pregunte.
Cada que yo terminaba una hoja tu la revisabas como si tu fueras mi editora, me dabas consejos sobre como podría sentirse mejor al leerlo, dándome tu punto de vista; no me molestaba esto, al contrario, me agradaba que trataras de enriquecer mis textos. Después de todo tu habías sido mi critica mas exigente, sin ti, tal vez jamás hubiera tenido la inspiración para escribir.
Me volvía a concentrar en lo mío, estaba escribiendo el intento de una nueva novela. Quería entrar en un nuevo genero el de suspenso y terror, nada como Stephen King pero trataría de un asesino tipo “hitman” el cual solamente era conocido como “O” era un arma letal, imparable, carente de sentimientos o eso era lo que el pensaba hasta que conoció a su siguiente víctima, una mujer que lo cautivo, pero ¿que sería esto que sentía?, Se tendría que desarrollar en México solamente, eso seria diferente del resto. Pero pensé que tal vez estoy disfrazando una historia de amor con un supuesto suspenso.
Me vino a la cabeza otra historia, una basada en “Goyo” el primer asesino serial en México, pero ¿cuál sería el motivo de este personaje para matar? Ya existían asesinos enfocados a una razón, el asesino del zodiaco, el asesino de la rosa, el estrangulador, etc. tal vez el asesino de las letras… De todos modos en lo que mas había avanzado era en mi historia de política ficticia, un grupo de tres personas que cambiaron a México y lo volvieron un país del primer mundo, aunque había secretos, engaños, conspiraciones, la primera verdadera historia de acción para México.
Todo me distrajo por un momento, empezaba a escuchar música pero no sabía de dónde venia; investigue abajo y no estabas, pensé que habías puesto algo de música arriba, pero no, en verdad estabas tocando mi viejo órgano, en realidad solo tocabas teclas al azar, no había un ritmo constante. Me senté a tu lado en ese pequeño banco mientras te veía como tratabas que todo tuviera un ritmo y al no poder lograrlo te frustrabas y recargabas tu cabeza en mi hombro.
Agarre tus manos y las puse sobre las teclas, puse mis dedos sobre los tuyos y hacia que tuvieras ritmo, o al menos el ritmo que tu alma quería proyectar; las notas empezaron a surgir parecía que tu eras la que estabas tocando y el ritmo apareció, yo siguiéndolo con los pedales y con las teclas inferiores hacíamos una melodía…
P.D. Aun tengo demasiado miedo de preguntar si te irás, creo que lo mejor que puedo hacer es no decir nada y disfrutar el tiempo que te quedes.
jueves, 22 de octubre de 2009
Día 10072
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