miércoles, 14 de octubre de 2009

Día 9880

“La soledad parece el arma más devastadora para acabar con cualquier ser humano. Cuando existe soledad en una persona tiene que lidiar con un ser: su yo verdadero. Muchas personas han perdido el contacto con su yo verdadero, es muy posible por todos los yo’s superfluos que le ha impuesto la sociedad, este en si es el mismo problema de perder contacto con el yo verdadero, perdemos la verdadera identidad y el momento en el que existe soledad tenemos que luchar por descubrir quiénes éramos en realidad.”


Fragmento de “El Proyecto de Instrumentalización Humana”
Autor Omar Méndez Adán

Por fin obtuve una cita con un neurólogo en la nueva Clínica Neurológica en México, una de las cosas más avanzadas en cuanto a medicina se podía tener por aquí. Afortunadamente mi editorial conocía personas y por lo tanto fue fácil conseguir la cita, de otra manera me hubiera tomado años, más de lo que tal vez posiblemente tenía.

Me hicieron miles de pruebas para comprobar el estado de mi cerebro, si el tumor había crecido, si el aneurisma seguía siendo solamente uno. Fueron más de 5 horas de puras pruebas. Al final se acercaron 5 doctores, parecía como un comité de la muerte no se veía con muchas esperanzas para mí. Me dijeron tenemos 2 noticias una buena y una mala. Pensé en escuchar la mala primero, tal vez eso me daría más ánimo con la buena. Ellos prefirieron darme la buena; me decían que afortunadamente mi tumor no había crecido y por lo tanto no había invadido otras partes de mi cerebro por lo tanto todavía podía ser operable. La mala me decían es que mis probabilidades de supervivencia eran menores al 50%. Yo entendía muy bien la estadística y sabia que las matemáticas jamás fallaban… a excepción de esas razones que desobedecen las reglas de la estadística y se les considera “milagros”. Ninguno de ellos parecía querer arriesgarse a hacerme tal operación, parecía que hasta tenían miedo de hacerlo. Y claro está todo buen neurocirujano tiene una reputación que mantener y no quieren “muertos” que afecten sus estadísticas de supervivencia y mi tumor era uno de los más difíciles.

Pero me daban una esperanza me decían que existía una eminencia en neurocirugía un hindú que había hechos operaciones incluso más peligrosas que las mías y que todavía habían sido un éxito. Me dijeron que se pondrían en contacto con él para informarle de mi caso y si estaba interesado en tomarlo. Lo único desalentador que me dijeron es que el estaba muy ocupado ahorita y no sabrían si la operación por lo menos se haría este año. Pensar que solamente tenía dos opciones y las dos eran sumamente aterradoras. Esperar que el tumor no aumentara y vivir toda mi vida así aunque no se puede llamar vida a eso, esperar que el tumor no crezca y no me mate, dándome tal vez días, meses, inclusive años pero siempre con un riesgo latente. La otra opción era esperar a este cirujano y que mi probabilidad de supervivencia fuera un poco mayor en la mesa de operación, y sobrevivir. Cada vez creo más que mi vida es una tragedia griega, cuando siempre quise una comedia, enamorarme, terminar contigo y tener una vida perfecta. Si algún loco estuviera escribiendo mi vida, me ha hecho sufrir más de lo que puedo tolerar.

No tenía muchas ganas de hacer nada, no tenía ganas de decirle a alguien sobre mis posibilidades de sobrevivir. Lo único que tenía ganas era de escuchar tu voz, esta vez era yo el que necesitaba una especie de confort para saber que todo estaría bien, aunque no te pudiera decir que era.
Sonó una y dos veces el teléfono antes de que contestaras, a la tercera tenía miedo que hubieras cambiado tu teléfono que me habías dado y que ahora solo te pudiera contactar por solo correos. Al final se oyó una voz por el teléfono. No eras tú la que contestaba del otro lado, al parecer ahora tenias una asistente que te ayudaba con todo el trabajo, no distinguía bien su tono pero al parecer era francesa, por lo cual tuve que hablar en francés, me entendió bien y parecía una poliglota porque inmediatamente noto mi acento. Me pregunto quién era, y fue cuando me cuestione por un segundo quien era yo. Decirle soy su novio quien la abandono y que vive del otro lado del mundo, no me parecía un titulo provocador. Decirle que soy solamente un viejo amigo era demasiado ambiguo, en especial porque sabía que por lo menos éramos algo más que amigos. Al final solamente decidí decir mi nombre. Me dijo que esperara y del otro lado escuchaba como en ruso te decía que en el teléfono esta un tal Omar Méndez, pude escuchar tu voz de sorpresa y que te pasara la llamada. Me contestabas muy contenta de que te marcara, por un momento sentí yo también una alegría de escuchar una voz que conocía perfectamente bien.

No se notaba alegría en mi voz, y ahora tu eras la que lo notaba me decías que tenia, yo simplemente te tuve que mentir, te dije que tal vez era uno de esos días en los que el alma se separa del cuerpo y parece existir un vacio enorme en el. Supe que no me ponías mucha atención, se escuchaba un tumulto de personas todas pareciendo hablar contigo al mismo tiempo y tu cabeza ocupada con todo el trabajo que tenias. Me dijiste que esperara un poco, acepte esperando que tal vez los sacaras a todos para que nos dejaras en paz, espere unos 5 minutos y tú no regresabas. Al final regresaste solo para decirme que estabas demasiado ocupada y que si me podías marcar después, dije si sabiendo que eso era una mentira tuya, que ahora estabas demasiado ocupada incluso para mi. Me volvía a sentir solo, volvía a pensar que no había solución para nosotros dos. Tuve un coraje terrible aventando el teléfono, pensando que yo solo me había ganado esta soledad.

Me vi al espejo y esta vez sentía que ese reflejo no era yo, ese reflejo pertenecía al de un viejo solo amargado que se estaba muriendo, y yo era joven con tantas ganas de vivir. Sentía que mi vista me traicionaba porque nunca supe en qué momento me había convertido en esa imagen que se reflejaba.

P.D. Las hojas de los arboles por fin están cayendo, los árboles están desnudos por primera vez en el año, igualmente me siento yo, sin ninguna protección, jamás me sentí tan vulnerable en la vida más que contigo, y sin embargo me siento vivo, como el árbol que sabe que perdió todas sus hojas.

O.M.A

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