miércoles, 28 de octubre de 2009

Día 10076

No hay días comunes a tus lados, o por lo menos para mi dejan de ser comunes cuando estamos juntos. Tal vez para otra persona que viera nuestra vida desde fuera pensaría que nada de extraordinario tiene dos personas que pueden compartir tanto, que se pueden reír de las cosas simples de la vida, que incluso al hacer algo tan cotidiano como ver la televisión puede hacerles sentir que sus días son extraordinarios. Creo que esas personas simplemente están amargadas, y que no pueden valor las cosas sencillas de la vida que en verdad hacen que la vida valga la pena.
He empezado a agarrar una extraña manía cada vez que no decimos nada por un rato, o cuando estoy haciendo cosas como escribir, o investigar un poco para mis próximos libros, empiezo a cantar sin escuchar necesariamente música, y no canto de una forma callada.

Hoy por ejemplo mientras estábamos caminando por Reforma, empecé a entonar una vieja canción de Elefante, otro de los grupos favoritos que teníamos en común, la gente se me quedaba viendo, como esperando que de repente echara a correr, o me lanzara sobre un carro, como todo buen loco. Pero creo que en este momento no puedo decir que puedo ser mas feliz, después de todo tengo todo lo que había buscado en la vida, ganarme la vida con lo que tanto amo, escribir, y tener el complemento perfecto de mi alma, tu que me haces ver que la vida en verdad fue hecha para los locos, y que algo tan sencillo como cantar incluso es hermoso caminando por la calle. Me encanta cuando me empiezas a acompañar y la gente se nos queda viendo, o cuando subimos a los camiones, y empezamos a cantar algo, riéndonos, disfrutando de la vida, eso es, disfrutamos de la vida, y cada vez que canto contigo siento como si fuera una experiencia nueva, después de haber sufrido de mi tumor.

Hoy decidimos hacer dos visitas, la primera seria en el Museo de Antropología, lo mas sorprendente cuando vas entrando es esta figura del dios Tlaloc imponente, pensar que hace miles de años la gente adoraba a este dios con danzas para que hubiera abundantes lluvias y las cosechas fueran suficientes. De hecho recuerdo la vez que lo movieron hasta el museo, recuerdo que todo el recorrido hubo lluvia, como si este antiguo dios de alguna manera nos quisiera decir que no estaba de acuerdo en su nuevo hogar.

Siempre he apreciado la cultura como la única salvación que tiene la humanidad ante la ignorancia, como la verdadera fuente del poder de todos los humanos, por eso siempre he pensado que un poco de cultura nunca le hace daño a nadie, y tu también sabes disfrutar de la cultura como una expresión de los humanos. Pasamos varias horas en el museo viendo las diferentes colecciones que tenía el museo, como la mascara de Moctezuma, hecha en jade, era impresionante los detalles que tenían, a ti te pareció un poco tétrica, pero de todos modos nos tomabas fotos a su lado.

La otra cosa que también mas te asombro fue el calendario azteca, esta rueda enorme donde con precisos cálculos matemáticos habían medido el tiempo, y con los cuales se guiaban para gobernar la ciudad, era increíble pensar que antes una sociedad estaba regida por el tiempo para sus actividades económicas, y que ahora el caos de la vida en una ciudad se daba por diferentes designios. Pasamos después a la sala de donde tenían en maquetas como se supone que era antes las grandes ciudades mayas y aztecas. Sabia que deberíamos visitar Teotihuacán, era una visita obligada para conocer mas el pasado prehispánico de México. Compraste de souvenir un pequeño calendario azteca, como una pieza mas de colección de todos los viajes que habías hecho.
Después pasamos al Museo de Historia o como es conocido mejor como el Castillo de Chapultepec, uno de los dos castillos que existen en América, recuerdo del imperio de Maximiliano. Al principio no lo podías creer, como era posible que existiera un castillo en México, pero tus ojos no te estaban engañando en realidad hasta en cierta manera podía parecer un viejo castillo alemán. Ahí pudimos ver diferentes cosas, como algunos de los vestidos de Carlota en verdad que son bellos esos vestidos, la realeza en verdad que sabe como vestir, y Maximiliano no se quedaba atrás como todo buen emperador tenía que vestir las mejores telas.

El tiempo pasaba rápidamente, tendríamos que volver a venir mañana, pero ahora mis tripas lloraban porque ya era la hora de la comida, por lo que pasamos a Genoveva a comer en uno de los restaurantes locales de la zona. Era un bonito lugar para pasar la tarde, caminar, y disfrutar de esa pequeña calle. Ahí estuvimos un buen rato, platicando como si en verdad los temas de conversación nunca acabaran, ahora que no tenias trabajo, tu mente parecía mas tranquila, mas despejada, me comentabas todo lo que te gustaría hacer, entre ellos estaba la fotografía, siempre tuviste una afinidad por tomar fotos, y sabias que capturar muy bien los momentos, yo te escuchaba atento en todo lo que decías, mientras acariciaba tu mano con mis dedos, jamás pensé que el calor de tu mano me hiciera sentir tan bien.

Y ahí de repente me reconocieron y me pedían un autógrafo, no podía negarlo después un escritor no es nada sin un lector que le guste su material. Por lo general eran las mujeres que me pedían un autógrafo, después de todo las mujeres siempre son las que creen mas en el amor, mientras lo hombres, bueno, simplemente hay ciertos hombres que olvidan lo que es el amor, y solo tapan sus inseguridades de amar, teniendo sexo con cuanta mujer ingenua se deje. Siempre había una mujer que me insinuaba que mis libros le habían vuelto a prender la llama del amor en ella, y que me quería agradecer de una manera más particular, pero yo siempre rechazaba a todas ellas por pensar que solamente estaban perpetuando un estereotipo. Tu jamás fuiste una mujer que fuera demasiado celosa de mi, tal vez porque sabias que mi amor era demasiado grande, o tal vez porque tenias demasiada seguridad en ti, no lo se, pero era verdad tu sabias lo que yo buscaba en una mujer, y aunque la mujer más bella, se me declarara no sería nada interesante para mi si no tuviera una alma hermosa para sustentar esa propuesta. Pero esta vez te molestaste cuando esta mujer me empezó a acariciar el brazo, y me hizo recordar aquella vez que ese hombre en Rusia quería hacer lo mismo, simplemente te calmaste te reíste, y con una sonrisa y palabras tan sabias, como decir amor ya nos vamos, hizo que esta mujer viera que estaba con alguien que valía la pena, con la mujer de mis sueños.

De regreso en el taxi, curiosamente iba sonando una vieja canción de Elefante “tus ojos”, aun no entendía estas cosas de la vida, en la mañana íbamos cantando una canción de ellos, y ahora de miles de canciones que pudieron haber pasado, de varias estaciones que estaba oyendo el taxista, nos tocaban una de sus canciones, y ahí en el regreso íbamos cantando, y el taxista solo nos veía por el espejo retrovisor pensando que no estábamos lo suficiente afinados, y que el camino sería demasiado largo para el.

Pero mañana, llevare mi carro, visitaremos Campo Marte, un lugar que no cualquier mexicano puede pisar, solamente si perteneces a la milicia puedes conocer ese lugar. Un regalo de mi papa.
P.D. Falta poco para mi cumpleaños pero esta vez, por primera vez, tengo ganas de festejarlo a tu lado, ves cuanto me cambias, siento como si fuéramos estas dos rosas negras, tristes, siempre deprimidas y obscuras, pero que cuando estamos juntas, empezamos a agarrar un color, el color de la vida.

O.M.A

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