domingo, 25 de octubre de 2009

Día 10075

Las pesadillas volvían a manifestarse. Esta vez soñaba que estaba completamente ciego, pero era una obscuridad que jamás había sentido. Incluso cuando cerraba mis ojos siempre había colores en esa negrura tas cerrar los parpados, jamás fue una obscuridad absoluta, pero en el sueño fue así, y me sentía totalmente perdido hasta que escuchaba tu voz tarareando una canción, te gritaba desesperadamente pero no escuchaba ninguna respuesta de tu lado. De repente me tropezaba y se sentía como si estuviera en fuego del cual no me podía escapar. De repente se hacían los colores frente a mí, la negrura poco a poco desaparecía, de repente sentía una mano que me sacaba de ese fuego, aunque no veía nada, con los colores que se formaban podía ver tu rostro, un rostro que ya conocía demasiado bien. Vaya estas pesadillas se están volviendo más comunes, no se que es lo que mi mente me trata de decir, tal vez necesito viajar otra vez, tal vez tengo miedo de perderte, demasiados suposiciones para algo que ni yo conozco.

Me surgió una duda que siempre me parecía ilógica cuando te explican que hay valores absolutos. Me preguntaba de que forma verías tu los colores, si los llegaría a sentir de la misma manera que yo, o si en verdad los ojos de cada uno transmite diferentes formas de verlo, haciendo que sea vea mas vivido, más intenso, nunca me satisfacía la idea de que el rojo era rojo y punto, después de todo como sabrían como yo veía el rojo si solamente yo lo podía ver a través de mis ojos.

Nos tuvimos que levantar temprano, hoy tenía que hacerle una breve visita al cuerpo, entregarle lo último que había escrito, y darles una fecha estimada de cuando lo terminaría. Era demasiado temprano para ti, pero no podías perder la oportunidad de conocer mas de México después de todo, estos días solamente habías conocido la más mínima parte.

Todavía no me sentía muy bien para manejar, y sabia que el trafico estaría demasiado intenso como para aventarse esa tarea maratónica. Todos los años que había vivido ahí siempre había sido difícil transitar por periférico la vía principal para los que vivían en el Estado de México fueran de visita al D.F. y viceversa. Apenas se estaba terminando lo que se llamaba el Viaducto Bicentenario, una obra la cual no tuvo los frutos esperados, solamente en verdad los ricos, la utilizaban, mientras el resto seguían utilizando el piso inferior. Pensar que las pocas cosas que hacia el gobierno, no era lo suficiente para que México no tuviera estos problemas de tráfico.
Ibas cabeceando en el taxi, después de todo estas no eran horas tuyas para estar despierta, y el suave movimiento del taxi, no hacia mas que arrullarte, yo mientras iba organizando lo que les presentaría, haciendo notas, siempre quedaba insatisfecho después de escribir, y pensaba en corregir cosas, me preguntaba si otros escritores tendrían esta misma frustración.

Por fin llegamos a reforma, te maravillaste porque la avenida principal parecía mucho a Berlín, después de todo don Porfirio había querido que tuviera estilo europeo y aun se mantenía en cierto sentido. Y de hecho si vieras desde el aire ambas tienen mucho parecido el ángel de la columna de la victoria en Berlín y su glorieta donde pasan los carros y México y su victoria alada o como todos lo conocen comúnmente el ángel de reforma. Esos ojos dormilones tuyos parecían abrirse por ver que Reforma era uno de los lugares mejores cuidados en México y algo que los turistas no podían dejar de visitar.

Llegábamos puntuales a mi cita, las nueve y media marcaba mi reloj, parecías no querer entrar al edificio y quedar viendo ese paisaje tan maravilloso, aunque algo arruinado por tanto edificio alto, pero al final de cuentas una avenida con tanto que visitar. Al final decidiste acompañarme y de todos modos sabría que la vista desde las oficinas de mi editorial te fascinaría todavía mas.

Es increíble como un simple gesto puede lograr llenar de tanta vida a una persona, en el elevador te empecé a agarrar las manos, comenzando por la muñeca recorriendo suavemente con las yemas de mis dedos la mayor parte de tu brazo, recorriendo las líneas que tenia tus manos, me sentía muy bien demostrando mi amor aunque fuera en público, aunque pareciéramos dos chiquillos adolescentes, no es nada, comparada con la calidez que se siente cuando estamos agarrados de las manos, una calidez que jamás había sentido en toda mi vida.

Estuvimos esperando unos 5 minutos en aquella sala de espera con ese mesa que yo conocía muy bien, con esa vista que aunque ahora no parecía tan espectacular para mi, podía ver a través de tus ojos que era muy bella, poder ver todo reforma desde ese punto.

Por suerte solo me recibió Homero, los demás miembros estaban ocupados; Hice las introducciones correspondientes, y Homero se sorprendió un poco cuando te presente, me pregunto si podría ser ella, esa mujer de la que tanto había hablado en la última parte de mi trilogía, si seria esa mujer que parecía en verdad ser aquella por la que daría todo, solté una pequeña sonrisa contigo diciendo que si, que eras todo eso y mas. Por alguna curiosa razón Homero se alegro y te termino abrazando como sabiendo que tal vez mis novelas no serian tanto de ficción y que al final de cuentas el amor verdadero si existe. Creo que le daba demasiado gusto por mi, después de todo ya había encontrado la felicidad que me faltaba.

Le entregaba los capítulos que había escrito esperando que los revisara por mi. Nos pregunto si ya te había dado un tour por la ciudad, diciéndole que en realidad era el primer día que visitábamos el D.F., me agarro del brazo e inmediatamente a ti también pero te agarro de una manera mas gentil, diciéndome que demonios estaba ahí esperando, que nos fuéramos a divertir que te enseñara todo lo que había por conocer, que ya si necesitaba corregir algo con él, me lo enviaría a mi correo. Ya me estaba yendo cuando te pedí unos cuantos minutos a solas con él. Le decía que hace un tiempo ya les hablaba de mi novela de política y como lograría dar a conocer varios lugares en México, y que ellos me pagarían un viaje para visitar todo México, les pedía que si lo podía hacer ahora, solamente que en lugar de estar solo te pudiera llevar a ti. Sabia que yo estaba dando buenos números en las ventas de libros, y que no era solo eso, no tenía ningún problema de bloque de escritor por el momento por lo que podría seguir dando mas novelas. Acepto diciéndome que le enviara un itinerario de todos los lugares que fuéramos a visitar, para preparar todo. Ya tenía una sorpresa para tu cumpleaños, pero debía de complementarla con otra que tenía en mente…

Lo primero que hicimos fue desayunar, te decía que iríamos a Sanborn’s no parecías muy convencida después de todo hace unos días habíamos comido ahí, y querías nuevas experiencias. Por eso te decía que no era lo mismo comer en el Sanborn’s de los azulejos, un recuerdo del México revolucionario, un lugar donde se comenta que Iba mucho Pancho Villa y todos los héroes de la revolución.

Desde que lo viste de fuera te sorprendió azulejos de los cuales nunca verías en Rusia o en alguna otra ciudad europea, algo diferente, único, no pudiste aguantar las ganas y tomabas mas fotografías; pensaba aunque llevabas pocos días aquí, ya llevabas varias fotografías como si no quisieras perder ningún instante para tomar fotos.

Y cuando entramos viste que la experiencia no seria la misma, este Sanborn’s estaba un poco mas sofisticado, y aquí en diferencia no se veía hombres ancianos, en realidad se veía que eran muchas personas de negocios todos de traje, hablando de acciones multimillonarias llevadas a cabo, todos de las oficinas de los alrededores.

Después estuvimos caminando por un rato hasta llegar a la altura del zoológico de Chapultepec, donde había una exposición de los colores de México, fotos que retrataban al México verdadero, o al menos era lo que pensaban los que habían tomado las fotos, ahí estuvimos un rato observando cada una de las fotos. Tú estabas maravillada como queriendo poder conocer todos esos lugares, no te quería revelar la sorpresa para tu cumpleaños.

Luego las esculturas nuevas que había en el camellón central llamaron mucho tu atención. No decías nada solamente te las quedabas observando, rodeándolas, tratando de buscar el ángulo correcto, después soltabas tu opinión si te gustaba, solamente me sonreías, pero en cambio si no te parecía algo me decías que el artista ha de haber hecho mejor esto o aquello, y yo te daba mi opinión a veces tratando de defender al artista, a veces viéndolo desde mi punto de vista, y eso nos llevaba a platicas apasionadas, en la cual ambos queríamos ver el arte desde la forma en que lo habíamos entendido, e íbamos caminando y hablando, hasta que llegábamos a la siguiente escultura.

Sabía que necesitaríamos mas que un día para recorrer todo reforma, lugares para comer, lugares para visitar como el zoológico, el museo de antropología, de arte moderno, el auditorio nacional, campo Marte, el ángel, la plaza de la revolución, la plancha del zócalo, bellas artes, vaya tanto por conocer. Me sentía agotado después de haber caminado tanto después de todo solo hace unos días me habían operado, pero a veces se me olvida estando a tu lado, pero notaste mi cara de cansancio y nos fuimos de regreso a casa.

Ahora era yo el que se apoyaba en tu hombro para dormir un rato al camino a casa…
O.M.A

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