Sergio vio mi apuro por subir al avión, no porque fuera claustrofóbico pero simplemente se me hacia un medio de viaje muy innecesario. Por lo que investigo y descubrió que existe esta especie de ferry el cual sale del puerto de Buenos Aires hacia Montevideo. Me pareció fantástica la idea porque aparte de que nos escucharíamos las turbinas por un viaje en realidad corto, la vista seria fantástica. Tengo que aceptarlo Sergio es un genio, no solamente porque hasta el momento me ha complacido con los caprichos que tengo y que nos ha hecho hospedar en muy buenos hoteles, aparte de ser mi nana, también fue contratado para que gastara lo menos posible en estos países de Latinoamérica. Después de todo yo también tenía esta mente de administrador, tener el mejor beneficio con los menores costos posibles.
Y ahí estábamos en el ferry por un momento me sentí como en Seattle en uno de mis viajes de joven, carros en la bahía de embarque, las personas dentro de la zona de comedor, otros afuera disfrutando el paisaje como yo. Poco a poco veía la costa más lejana. Cuando voltee solamente se veía el mar y su claro olor a sal, y se escuchaba como el mar se iba partiendo por el duro metal del barco, mientras se podía llegar a sentir una brisa en la cara que impregnaba todo el cuerpo de esto. Después de unos cuantos minutos me deje llevar por esa sensación y las palabras fluían como el mar con el barco. Estos días le había dado mas borradores a Sergio para que se lo pasara a “El Cuerpo” un apodo cariñoso que yo le puse a todas estas personas encargadas de revisar todos los libros que están por publicarse en la editorial. Los llamaba así porque eran 5 personas que parecían formar un verdadero cuerpo, las mujeres Laura y Alejandra quienes eran las piernas las que hacían que todo se moviera. Guillermo el torso, una persona inútil, critico de todo aunque el jamás escribió una novela. Adrian y Lisa las manos los que hacían la mayoría de correcciones a cualquier publicación y Homero la cabeza, el intelectual del cuerpo, el que al final de cuentas decidía todo si una novela se publicaba, si las correcciones pasaban, todo. Era mi cuarta novela y estaban ansiosos porque esta vez más bien hacia un ensayo, algo diferente de mis tres novelas principales. No tenía nervios porque ellos aceptaran lo que escribiera, me habían dado mas libertad que a la mayoría de escritores, pero simplemente querían mas novelas mías, para que la editorial ganara más dinero. La verdad para mi lo mas difícil de pensar era en un buen titulo para mis novelas, porque debía ser enigmático, mas sin embargo que invitara a las personas a interesarse, nada demasiado complicado, pero tampoco fácil que tuviera un doble sentido que muy pocos entendieran. Por eso al final de mis tres novelas fue perfecto, sencillo, claro y con un gran significado. Debo de aceptarlo me dio la idea 3 películas francesas, y lo quise a ser a mi manera, a “la mexicana”
Siento que a veces mi mente me juega una broma de mal gusto. Cuando volteo a ver el panorama de repente te puedo ver parada ahí ene l barandal, con tu abrigo negro, tus botas negras y de repente me volteas a ver con esta sonrisa tímida que tienes, y pareciera que me invitaras a estar ahí a tu lado. Cuando ves que no te hago caso, te acercas a donde estoy sentado y me abrazas, besando mi mejilla cariñosamente, luego recargas tu cabeza en mi hombro, y empiezo a hablar contigo como un loco, digo como un loco porque para el resto no te ven y solamente ven a un hombre sentado ahí solo hablando con el aire. Y de repente vuelvo en mí, y también veo que estoy loco porque no estás aquí conmigo. Pero tal vez no estoy viendo la gran perspectiva, de que tú ya eres una parte de mí.
Llegamos de acuerdo a lo planeado dos horas y media después aunque en avión hubiéramos llegado en menos de media hora, el viaje me relajo y por fin pisaba la misma tierra que mi gran maestro. Por fin estaba ante el grande.
Y corrí con una mayor suerte todavía Sergio hablaba a la librería en la cual haría la presentación del libro. Al parecer había un problema con la entrega del libros por parte de la editorial y no había llegado los suficientes como para hacer la promoción este día, que lo tendríamos que aplazar hasta mañana. Mi cara se desbordo de felicidad mientras íbamos al hotel a registrarnos. Y salí a la calle para comprar unas flores. Se que parecerá raro que un hombre le compre flores a otro hombre pero la situación hacia que si fuera sin flores, simplemente fuera una descortesía de mi parte.
Después de tomar un taxi por fin llegaba al Panteón Nacional y después de preguntarles a varias personas, por fin daba con el paradero de mi maestro. Su lapida era la más cuidada de la zona, llena de flores de visitantes y amigos que le traen flores, y que se quedan charlando unos minutos con el. Y ahí estaba yo poniendo estas flores sobre la tumba de Mario Benedetti, mirando a uno de los mas grandes de la historia, callado, ya sin nada que decir. Por unos minutos ambos nos quedamos en silencio, como aquellos que miden a su contrincante antes de soltar un golpe. Pero nosotros no éramos contrincantes yo un simple alumno suyo, que jamás recibió una cátedra tal cual, solamente a través de sus libros aprendí lo que se puede expresar con sentimientos. Por fin me presentaba ante el, y le conté varias cosas de mi vida. Como la primera vez que leí algo de él. Fue cuando estaba en la preparatoria y tuve que recitar ante el salón “Táctica y Estrategia”. Lo recuerdo perfectamente porque mientras lo iba leyendo, no entendía del todo lo que trataba de decir, fue hasta la segunda vez que mi ser se estremeció por palabras tan bellas y tan adecuadas.
Estuve un buen rato contándole toda mi vida, diciéndole que yo también tenía a alguien como Luz, pero que al parecer nuestra historia se complicaba, pero debía de aprender algo de el, algo que todavía le faltaba enseñarme, que nunca se hay que dar por vencido por el verdadero amor. El jamás se dio por vencido con Luz y disfrutaron matrimonio más de 60 años. Era algo que todavía necesitaba a no desesperarme por las cosas que en verdad valen la pena esperar, y tu eres una de esas cosas que vale la pena esperar.
También el me enseño algo maravilloso sobre el idioma español. La diferencia entre el tú y el vos. El tu lo puedes decir a cualquier persona sin respeto, solamente porque lo puedes decir, en cambio el vos lo dices siempre con respeto, siempre con este romanticismo antiguo. El vos me amas, suena más dulce que el tú me amas. Vos te ves más bella que la mañana que tú te ves hermosa. Pero más que nada si yo digo que tu eres para mi pierde a diferencia si yo digo vos sos para mi.
Me despedía de mi maestro, deseando que si algún día era tan reconocida como él, solamente con que fuera la mitad de bueno que el me daba por satisfecho. Volví a mi cuarto en el hotel y mientras estaba recostado, ahí tu fuiste a esa cama, solamente para poner tu cabeza en mi pecho y que jugara con tu pelo mientras los dos nos íbamos a dormir.
P.D. Si vos me dejas, la vida no sería tan agradable. Si vos me dejas simplemente me desaparecería de este mundo.
O.M.A
domingo, 4 de octubre de 2009
Día 9850
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