miércoles, 16 de septiembre de 2009

Día 9816

No pude volver a dormir desde que escribí la ultima carta, por un rato te abrace pero la mayor parte del tiempo me la pase viéndote como dormías tranquilamente, como a veces soltabas un suspiro, me pregunto que habrás estado soñando. Por fin despertaste y me diste una sonrisa. Hacia mucho tiempo me habías comentado que no te gustaba como te veías en las mañanas porque no tenias maquillaje.

Jamás te lo había dicho, espero cuando estés leyendo esta cartas ya te lo haya comentado. Para mi jamás fuiste una mujer preciosa como la vería cualquier tipo de ojos que solamente buscan la belleza física. Siempre conocí mujeres bellas, mas bellas que tu, que parecen inalcanzables para el tipo promedio, tal vez por eso jamás te considere la mas bella y jamás te considere inalcanzable.

Pero yo te veía hermosa, mucho mas hermosa que estas mujeres, porque tienes una alma tan increíble, que el simple hecho de compartir un momento contigo vale mas que compartir una vida con una mujer bella y vacía. En tus fotos siempre posabas como modelo, tratando de buscar cumplidos de los demás, durante un tiempo yo también lo hice, pero yo en verdad siempre quise decir que tu interior siempre fue lo mas hermoso y precioso que tenias. Pero eres mujer y una mujer siempre desea saber que es bella también por el exterior. A veces se le da mas importancia a esto que a lo de adentro.

Por fin nos levantamos de la cama, pero no nos poníamos de acuerdo para ver quien hacia el desayuno. Al final decidimos que cada uno hiciera el desayuno para el otro. Ahí estuvimos los dos entre sonrisas y la preparación del desayuno. Nos sentamos a desayunar a disfrutar de las delicias que cocinamos. Me fascino tu comida, como si la pudiera comer por el resto de mi vida. Pero te debía de enseñar también mi comida, me ha gustado cocinar por mi cuenta siempre, jamás me gusto depender de los demás, cuando yo puedo hacerlo.

Nos apuramos porque tenías que ir a tu trabajo. Te acompañe hasta donde trabajas y supe que debíamos de despedir por un momento. Este tiempo por mi cuenta decidí para investigar un poco la ciudad y conocer mas del lugar donde has vivido estos últimos años.

Pase por una florería y decidí que hoy le tocaba el turno al girasol. Se sabe que el girasol siempre trata de obtener todos los rayos del sol y por eso su nombre tan curioso. Yo siempre lo vi diferente yo consideraba al girasol como la amante del sol, siempre buscando a este. Pero no era una historia feliz jamás podrían estar juntos, el sol siempre en el centro de nuestro sistema y el girasol siempre en la Tierra.

Pasaron las horas y yo me quede sentado en una banca esperando por que salieras. En ese tiempo que permanecí ahí me di cuenta de algo, que estaba totalmente tranquilo en mi vida por primera vez, no me importaba el futuro, ni lo que pasaría, total estos momentos contigo los debería de aprovechar al máximo. Y paso una pareja de ancianos abrazados como si la edad no hubiera sido un efecto para disminuir su amor si no para fortalecerlo, y como este viejito besaba a su esposa con un cariño intenso como si todavía fueran esos jóvenes. Ojala algún día lleguemos así tu y yo…

Te vi bajar por las escaleras y me dio una alegría inmensa, como si hubieran pasado miles de horas y por fin te volviera a ver. Ahora si trate de conseguir el girasol mas grande, y pareció fascinarte esto. Fuimos caminando por la calle tu cargando tu girasol y abrazados caminando por estas calles que tu conocías tan bien. Esta era la primera vez que no me daban envidia las parejas que pasaban, yo ya tenia mi pareja para este baile que llamamos vida.

Llegamos a tu casa y te cambiaste para relajarte. Yo mientras puse unas canciones para bailar. Hace solamente algunos años había descubierto el placer de los Beatles y puse la de Eight Days a Week me puse a bailar como un loco, no me deje guiar por mantener un paso de baile de coreografía, simplemente lo que salía de mi corazón. Cuando llegaste te empezaste a reír, lo recuerdas? Al contrario de detenerme me movía más intensamente como loco y me acerque a ti para arrastrarte a este baile de loco, al principio parecía que no querías, pero poco a poco te fui contagiando de mi alegría, y ahí estábamos los dos bailando como si nada importara, como si fuéramos niños que no se preocupan por todas las banalidades de un adulto simplemente disfrutando la música y el momento. Terminamos muy cansados de tanto mover el cuerpo y nos quedamos descansando en el sofá.

Cuantas veces mas habremos bailado mientras lees estas cartas?

O.M

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