domingo, 27 de septiembre de 2009

Día 9825

Nos levantamos con una frescura, después de una buena noche de descanso, pero también era algo mas, era como si nos hubiéramos quitado unos años de encima y que todas aquellas propuestas que nos hacíamos cuando nos conocimos, se estuvieran haciendo. Hoy te vi radiantemente bella, feliz, por que estuviera a tu lado y el sentimiento de estar en casa fue otro motivo mas.

Me pediste que hiciéramos una locura hoy, me sorprendió tu propuesta ya que es como pedirle a un loco que no haga locuras, siempre he pensado que todo lo que hago contigo es una locura, pero no con la connotación negativa que se le da a esta palabra, simplemente como hacer algo diferente que no cualquier humano se arriesgaría a hacer. Te propuse que fuéramos a las afueras de la ciudad a esa cabaña que me decías que tanto visitabas con tus amigos y de la cual te olvidabas de tus problemas. Parecía haber acertado correctamente con la locura que querías que hiciera, y nos levantamos rápido de la cama, agarramos una o dos cosas y nos fuimos.
Por fortuna tu padre nos presto su carro y ahí íbamos en el camino, disfrutando el paisaje de la naturaleza, el camino por el cual no pasaban muchos carros, y con lo cual hacia mas atractiva la vista, solamente se podía disfrutar de la vegetación y nuestras risas que se escuchaba por todos lados, y los arboles parecían reírse con nosotros, cuando el viento movía sus ramas y las hojas hacían un ruido, haciéndonos ver que ellas también disfrutaban de nuestras bromas.

Por fin llegamos a esa vieja cabaña, situada junto a la orilla de un lago, como sacada de una postal donde solamente la gente mas afortunada puede disfrutar de un paisaje tan bello. Creo que jamás en mi vida había visto un lugar tan mágico, el simple hecho de respirar el aire de ahí, purificaba el interior, relajando cada fibra de tu ser. Me tomaste de la mano y volví a la realidad contigo. Si había llegado a un punto máximo de felicidad, esto lo superaba fácilmente, el paisaje, nosotros, todo lo que pasaba en ese momento, me hizo olvidar por un momento todo lo malo que había pasado en mi pasado, como si fuera una recompensa del universo por haber vivido momentos difíciles, y esto era una especie de paraíso donde solamente existíamos tu y yo.

Por fortuna tu siempre tan previsora habías preparado un picnic para los dos, aunque no supe en que momento ya que había sentido que habíamos huido de la casa de tu padre. Pero llevaste sándwiches, un poco de fruta, vino, y para mi sorpresa, era yo el que ahora recibía la flor del día. Aun la recuerdas? Estábamos rodeadas por ellas, parecían tan perfectas, cada una tenia la misma distancia, como marcando su territorio, pero al mismo tiempo manteniendo una distancia adecuada para no estar solas. Por lo general se piensa que estas flores solamente pueden venir de Holanda, de hecho es un signo característico de esas tierras.

Estábamos ahí los dos, lejos de cualquier preocupación, dándonos miradas sensuales, yo besaba tu piel con tal cariño, como si besara la seda, tan suave, que bien se sentía con mis labios. Ahí recostados los dos pareciera que no existía el ruido, tal vez nos quedamos sordos por un momento, pero ese lugar jamás se me olvidara. Y de repente empezamos a escuchar la risa de una pequeña niña, que se iba acercando hacia nosotros y que fue corriendo a tus brazos, como si fueras su madre, sonriendo y feliz, al fin y al cabo a un niño no le importa el mundo de los adultos y sus complicadas reglas, un niño puede ser feliz en cualquier lado, y parecía que quería transmitirnos mas felicidad, recuerdo como me abrazo esta pequeña, y me brindo una sonrisa con todos sus dientes de leche. Escuchamos como a lo lejos la llamaba su padre, no se podía distinguir claramente al padre, pero su figura se me hacia muy parecida. De pronto la niña se despidió dándonos todavía mas alegría, me volteaste a ver como diciéndome con los ojos, si algún día tendríamos una hija así, yo te regrese la mirada, y solamente podía pensar tal vez algún día…

Teníamos que regresar teníamos que tomar el tren de la noche, para que tu mañana regresaras a trabajar. Yo tenia que dedicarme a escribir mi nueva novela. Cada día mas recordaba que muy pronto tendría que viajar de regreso a al gira, no te quería dejar sola, pero algo me decía que tu tampoco aceptarías hacer un viaje así conmigo, no aun, como si algo te detuviera.

Nos despedimos de tu padre, el estaba triste porque sabría que su hija volvería a retomar su vida. Y me despidió con un abrazo, jamás en mi vida adulta me había dado un hombre un abrazo tan afectivo, como si fuera su hijo, cuantas veces desee que mi padre me hubiera dado un abrazo así, y parecía fascinarte el momento en el cual tu padre y yo nos dimos un abrazo, el aceptándome como el hombre en tu vida, y yo haciéndole ver que yo jamás haría algo para separarlo de su hija.

En el tren de regreso, parecías tan callada y tan concentrada en una cosa. Me imaginaba que era o mas bien era lo que yo pensaba, y te dije algo, te dije que tu no eras tu madre, y que yo no era mi padre. Que nosotros jamás llegaríamos a ser como ellos y con eso cortarnos nuestra felicidad. Y nos fuimos abrazados todo el camino, esperando que mis palabras en verdad llegaran a ser ciertas.

O.M.A

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