La gira por España por fin terminaba. No tenía muchas ganas de seguir con la gira, mi felicidad cada vez se evaporaba más y no me dejaba disfrutar del todo. Había tranquilidad en mi ser, mas no había paz en mi alma, todos los días me atormentaba con un dolor haciéndome sufrir por haberte dejado atrás.
Seguía intentando hablarte todos los días. Últimamente parecías mas tranquila, ya no parecías evadirme tanto, pero sin embargo notaba una desilusión en tu manera de hablar. Tal vez pensabas que después de todo lo que habíamos vivido juntos tu y yo, como podía todo terminar tan mal, tal vez ambos nos habíamos equivocado. Sentía un vacio entre nosotros refugiándonos en nuestros miedos para tal vez de esa manera no demostrar nuestra infelicidad, diciendo falsedades de que todo estaba bien, pero ambos sabíamos la verdad, no podíamos ocultarlo de todo, pero otra vez te seguía tu juego absurdo de estar a medias en tu vida. Y seguiría jugando el absurdo juego de esperarte, porque te he estado amando demasiado tiempo como para dejar de hacerlo ahora.
Me deseaste un buen viaje a mi siguiente destino. Hoy mismo abandonaba España e iría de regreso al nuevo continente, iría a visitar la ciudad del tango, la ciudad de los cortes de carne mas gruesos, y por supuesto la ciudad de Evita Perón; Argentina. Ahí estaba yo en el aeropuerto esperando mi avión mientras veía en mi cartera las fotos que me habías tomado, la del traje desarreglado y la que aparecemos los dos juntos. Como un pedazo de papel nos puede traer tantas sensaciones y me pude transportar a ese día cuando hicimos nuestra sesión de fotografías. Aun recuerdo el aroma de tu shampoo a frutas, a la textura de tu ropa al yo recorrerla con las yemas de mis dedos, mientras caminábamos por la calle, la fuerza de tu mano al agarrar la mía, como si tuvieras miedo de perderla en algún instante que la sostenías con tanta fuerza con la tuya, tus sonrisas tímidas y reales, el beso en el restaurante; y volví a regresar al aeropuerto donde me encontraba solo, solamente sosteniendo un pedazo de papel, en verdad que soy el hombre de la mirada triste.
Siempre me gustaba agarrar la ventanilla en los aviones, siempre me gustaba ver como podías recorrer tanta distancia en tan poco tiempo, me gustaba pensar que solamente faltan unos cuantos kilómetros hacia arriba, para poder ser como un astronauta y poder ver los hielos perpetuos y las tormentas de arena al mismo tiempo. Mientras mas nos alejábamos del viejo continente, mas mi desesperación se hizo mayor, más empecé a entender que no volvería a ser el mismo y que esas dos semanas contigo serian mi maldición y mi mayor anhelo de la vida…
El océano parecía en calma, parecía como si nada lo perturbara, hasta se podía sentir un poco su salinidad hasta el avión, como si se pudiera oler el océano a tanta altura, como dándonos la bienvenida. De repente entre las nubes aparecía el sol a media entrada, es el momento en el que para algunos iba a ser el comienzo de un nuevo día, y para otros sería el fin de otra jornada. Dependiendo de cómo lo quisieras ver eso parecía un espectáculo imposible de la naturaleza, porque podías ver el amanecer y el atardecer al mismo tiempo, como si se hubiera olvidado el tiempo con el que vivimos los humanos y esa parte fuera olvidada de toda regla del tiempo.
Poco a poco el océano se convertía en mar y el mar en tierra, hasta que poco a poco fuimos encontrando mas tierra, y de repente se empezaron a ver las ciudades. El cuerpo no fue hecho para aguantar tantas horas sentados en un avión de metal, pero la escena debajo de nosotros parecía contentar a muchas personas, pensando que pronto se podrían bajar del avión y estirar las piernas, otros dirían llegar con las personas amadas. Yo no tenía a nadie en Argentina más que el acompañante de la editorial. Me quisieron poner una nana para que no me extraviara en este país, pero su verdadera razón era para ver que tal iba mi avance en mi nuevo libro. A veces simplemente me sentía solamente como una máquina para hacer dinero de mi editorial, que si no puedo escribir mas soy fácilmente desechable.
Por fin nuestro piloto anunciaba la llegada a Buenos Aires en unos cuantos minutos y nos hablaba de la temperatura ambiente. Aquí era verano por lo que mi abrigo, guantes, bufanda las tendría que guardar. Tal vez sería lo mejor, en ellas se quedo impregnada un poco de tu olor natural. Tal vez así me seria menos difícil olvidarte.
Y ahí estaba yo esperando mis maletas solo, mientras veía frente a mí una joven pareja, tal vez de recién casados que venían a pasar su luna de miel aquí. Otra vez la envidia en mi aparecía, mirándolos con un poco de desdeño a ellos, aunque ni los conocía. Me enfermaba pensar en este sentimiento que se apoderaba de mi, pero volvía a caer en el mundo de los humanos que no tienen el amor en su vida, volvía a ser aquellos que en vez de sentirse felices por el amor, simplemente quisieran que ellos fueran los afortunados.
Cuando era mas joven siempre deseaba ser este gran CEO de una empresa, en la cual el chofer de la empresa ponía su nombre en un letrero de papel y se subía en una limosina negra, haciendo negocios mientras lo llevaban a las oficinas corporativas. Y ahí estaba mi chofer y mi niñero, con un letrero con mi nombre, por supuesto el acompañante ya conocía mi rostro de la contraportada, por lo que cuando me vio fue corriendo hacia mi. Se presento muy amablemente Sergio Espinoza un joven tal vez como de mi edad, tal vez dos años menor que yo. Un tipo que pareciera un ratón de biblioteca gafas negras, un corte de peinado corto, pero en verdad una persona demasiado amable.
Mientras íbamos en el carro de la editorial me iba diciendo de los lugares turísticos en Buenos Aires, y donde seria mis primeras presentaciones. Por momentos lo olvidaba, y me volvía a transportar esas dos semanas contigo. Aun recuerdo mucho nuestra primera pelea, porque ahora no parecía tener mucho sentido que te dieras por vencida tan fácilmente si no esperabas que esto durara, si no ibas a luchar. E íbamos ahí por la avenida General Paz, me hizo recordar un poco a mi México, lleno de carros, la poca prudencia de los conductores para conducir. Lo bueno es que yo no tenía que conducir. Y de repente Sergio de manera sigilosa empezó a sacar cosas de mi nueva novela, esperando poder sacarme información para los jefes. Le dije solamente que iba a buen ritmo, y eso pareció bastarle por el momento.
Pasamos por el teatro Colon, en verdad una maravilla arquitectónica parecía tener influencias de la colonia española, para mi fortuna Sergio me dio un boleto para la opera del viernes, no podía dejar pasar este momento, la opera es uno de los pocos placeres de la vida que se pueden disfrutar en silencio, mientras escuchas los altísonos de una voz hermosa.
Llegue al hotel cansado del viaje, lamentablemente me había acostumbrado al huso horario del otro lado del mundo, por lo que ahora me seria un poco mas difícil dormir aunque este cansado. Prendí mi computadora impaciente con tal vez recibir un email tuyo, para encontrar mi bandeja de entrada vacía, llena de publicidad y otros correos sin importancia, estaba vacía para mi porque no tenía nada tuyo, ni una noticia tuya. Eso empobrece mi alma, esperar con ansias alguna señal tuya esperando que te acuerdes de mi, para no encontrar nada. Empecé a escribirte un correo, cuando descubrí que no tenía nada bueno que decir, solamente eran reclamos, era mejor quedarme en silencio.
P.D Siempre te estaré esperando en tu juego absurdo de esperarte
O.M.A
martes, 29 de septiembre de 2009
Día 9841
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