domingo, 27 de septiembre de 2009

Día 9828

Prácticamente hoy era mi último día aquí. Mañana debía de volar a mediodía para viajar a Madrid y de ahí ir recorriendo varias ciudades españolas. Muy temprano me hablo mi editorial, por un momento tuve la esperanza de que me hablaran para cancelar mi contrato, para decirme que la gira acababa, pero lamentablemente no era así, simplemente para recordarme mi vuelo y que debía de estar puntual. Por un momento los quise mandar al carajo porque ya no tenía razones más que por ellos para apartarme de ti. Otro de los modos de vida que mi papa había dejado en mi, siempre cumplir primero con los compromisos laborales, antes que los compromisos personales, tal vez esa fue una de las causas de la ruina de su matrimonio, el trabajo lo era todo para él.

Pero no me arruinarían pensamientos negativos este día, hoy seria un buen día contigo. Te llame para desearte un buen día, hoy no iría contigo a la escuela, ni te pasaría a recoger, pero si pasaría por ti para nuestra primera cita, yo estaba demasiado emocionado porque esta vez, era una primera cita que deseaba tener con ansias, sabía que no estaría nervioso como en mis otras primeras citas con mujeres que no entendían mi locura.

Sabía que a ti jamás te habían interesado los lujos de una vida de súper millonaria. Que con que hubiera hecho algo romántico como poner una mesa en la azotea de tu edificio, y un poco de música romántica te hubiera bastado. Pero no podía irme de tu país sin esto, aparte era un lujo que no siempre se da uno en la vida, pero que toda persona debería poder disfrutarlo aunque fuera por un momento en su vida.

Y ahí estaba yo en la calle Tverskoy tratando de encontrar este lugar, hasta que por fin encontré el lugar, parecía en verdad un palacio, el Café Pushkin en verdad donde la aristocracia se encontraba, solamente para discutir de sus banalidades que no tiene salvación para el mundo. Y ahí estaba yo viendo si existía la posibilidad de poder reservar una mesa para esta noche. Ahí estaba yo frente al maître d’, el viéndome como si yo estuviera perdido o tratando de conseguir trabajo ahí, pero creo que lo que más lo hizo reír fue que le pidiera una mesa. Ya con mis esperanzas rotas de poder conseguir algo aquí, una voz me llamaba; era este hombre anciano dueño del restaurante, que pareció reconocerme por mi aparición en la tele nacional, para mi fortuna el señor era un lector arduo y parecía conocer mis novelas incluso mejor que yo mismo. Me decía que se disculpaba por su maître pero que por los inconvenientes, nos pondrían en un salón privado donde solo va lo mas selecto. Le agradecí por la cortesía mientras me decía que la comida corría por la casa. Ahora solamente debía de hacer algo mas para la noche perfecta.

Debía de preparar el traje para esta noche, no sabia porque me había llevado mi traje mas caro, este Armani negro, siempre tuve una debilidad por este traje. Lo mande a la tintorería del hotel mientras repasaba exactamente en mi mente como seria la noche. Sabía muy bien que aunque uno planee mucho las cosas, siempre existe el factor x que no permite que las cosas salgan del todo bien. Pero a quien le importaba era nuestra primera cita. Tenía ganas de vivirla sin preocuparme de los pasos que debía de seguir, el ímpetu de mi espíritu por tener algo tan material se hacia evidente.

Pensé que ya te había todo tipo de flores que existen, que mas podría darte para esta noche, pero de repente se me vino a la cabeza, que aunque no era un tipo de flor, podría significar tanto para el momento. Seria para la culminación de la cita.

Me fui a descansar un rato, el tumor no me dejaba hacer mucho, no me permitía esforzarme al máximo para algo, no sabía por que me había venido esta enfermedad, pero estaba acostumbrado a una de las frases de mi mama, todo en la vida tiene una razón de ser, solamente Dios sabe el porqué de todas las cosas. Dios, por lo menos el Dios en el que creía mi madre me parecía tan falso, simplemente yo creía en un Dios como el de Spinoza que le daba una armonía perfecta al universo. No creía que Dios me hubiera dado este tumor para jugar conmigo como en un extraño juego, donde yo al final moriría, no después de encontrarte no te abandonaría tan fácilmente.

Tuve un sueño muy extraño, parecía encontrarme en una villa, bastante viejo disfrutando el paisaje, viendo la vida pasar, sabiendo que mi lugar en el mundo había cambiado de ser un actor a un espectador, pero ahí en ese sueño te veía a ti también a mi lado, parecía una vieja escena de alguna postal de Hallmark, Tal vez mi máximo logro en la vida seria terminar contigo una vida para variar.

La alarma sonó; ya eran las 5.30 de la tarde e iba pasar por ti en una hora me bañe, me arregle, me puse mis mejores mancuernas, y me puse mi traje. Ya cuando veía mi rostro no parecía el rostro vacio de una persona que iba por la vida sin felicidad, yo ya había encontrado la mía. Mi rostro ya no era la de ese joven soñador, ahora era la de un hombre soñador, con varias canas, como si en ellas se hubieran guardado mis experiencias, tal vez un poco mas arrugado, pero tanto reír contigo estas dos semanas, parecía haber estirado mi cara otra vez. Pero mas que nada mi alma se sentía mas joven, le había quitado el peso de un vida sin sentido.

Llegue a tiempo a tu apartamento, y toque la puerta, me invitaste a pasar, sabia que aun no estabas totalmente lista, me lo imaginaba lo bueno es que la reservación era para los 8 por lo que podríamos pasar al bar del restaurante y estar platicando como dos adultos de sociedad. Y ahí estaba yo preguntando cosas tan simples, como una pareja rutinaria diciendo como fue tu día, tal vez hubiera preguntado algo mejor, como que sentimientos experimentaste en el día, tuviste un momento de revelación contigo misma, tal vez en el camino encontraste algo peculiar que sabias que otras personas no te entenderían pero conmigo podrias compartir. Y de repente apareciste como en estas películas donde la protagonista porta algún vestido que realza la figura femenina, y como todo comienza a pasar en cámara lenta mientras ella deliciosamente lanza una sonrisa porque todas las miradas están cautivadas por esa belleza tan enorme. Por un momento me sentí así como en una película en al cual yo había salido ganando; poco a poco mis sueños empezaban a tener mas razón, recuerdo perfectamente este sueño en el cual yo estaba vestido con un esmoquin y tu con un vestido negro. Yo no traía el esmoquin pero tu traías un vestido tan negro como la noche, que tu figura curveada delineaba perfectamente la estructura del vestido, como si hubiera sido hecho especialmente para ti, mostrando un resplandor en tu belleza. No pude cerrar la boca por mucho tiempo, y las palabras que salian de mi boca parecían balbuseos, hasta que al final tres palabras pudieron salir de mi boca, te ves preciosa.

Ya estábamos en la calle esperando en taxi que nos llevara al restaurante, tu por no querer rebajar tu belleza llevando un abrigo, solamente fuiste con tu vestido, pero el clima es algo caprichoso y la noche estaba bastante fresca, por lo que te tuve que poner mi abrigo para que estuvieras caliente, frotando tus manos con las mías.

Llegamos al restaurante donde aquel maître grosero de la mañana no me podía reconocer, nos pidió que esperáramos en el bar mientras nuestra mesa estaba lista. Y nos dirigimos a la barra del bar, donde todos los hombres se quedaron despampanados por tu presencia, donde todas las mujeres parecían celosas por tu belleza de diosa, quise pensar que las mujeres mas bien sentían celos de ti por venir por un hombre tan guapo como yo.

Y ahí estábamos los dos yo bebiendo un martini y tu un mojito cubano, con caricias como dos amantes que no tienen miedo de demostrar su amor al mundo, como dos adolescentes que solamente tienen caricias uno para el otro. Me acuerdo muy bien como este hombre llego para tratar de desacreditarme, y que deberías tal vez cenar mejor con el. Tu con una mirada le decías que desapareciera, pero el tipo era muy insistente como estos tipos que creen que todo en la vida se puede conseguir con dinero, y que las personas están dispuestas a sus órdenes. Me daba mas risa que enojo el pobre tipo que te quería conquistar de esta manera y no con su alma. Lo hice a un lado y seguimos platicando como si nada hubiera pasado, el tipo al ver que ni todo su dinero podría hacer algo ahí, prefirió marcharse con el rabo entre las piernas. Por eso jamás me gusto que me llamaran guapo o que fuera lo primero que pensaran de mí, porque sabía que tenía una mente que ofrecía mucho más que belleza estética, porque de que sirve tener un cascaron vacio sin un corazón que transmita el fuego de ganas por vivir.

Empezaron a tocar una vieja canción de jazz que a ti te fascinaba pero no tenía ganas de bailar en ese momento, aparte arruinaría mi sorpresa después. Parecías un poco triste por eso, porque pensaste que no bailaría contigo esa noche, pero fue mas agradable mi sorpresa no?
Y nos llevaron a nuestra mesa de este salón privado, donde solamente se escuchaban la platica de la gente, teniendo veladas fantásticas con personas que yo quería creer les importaba. No importaba mucho yo no podía despegar mi mirada de ti, simplemente radiante, como si me provocaras sensualmente para hacer una travesura en el restaurante, haciéndome desear meterme debajo de ese vestido para encontrar el tesoro mejor guardado.

Nuestro sommelier era esta persona simpática con un bigote grande, una panza que parecía haber disfrutado de los placeres de la comida mas de una vez, y esta voz con acento italiano, con unas mejillas mas rojas que las manzanas. Nos ofreció dos opciones de vino dependiendo de la comida que nos sirvieran, un vino blanco dulce para los mariscos, y un vino merlot con un cuerpo fuerte para las carnes. Yo prefería algo de carne, mientras tu te fuiste por los mariscos, y ahí estábamos los dos brindando, aunque no había muchas razones de festejar porque mañana partía, pero quise pensar que fue una brindis por dos semanas excelentes de emociones, de risas, de locuras.

Y ahí terminamos nuestras comidas, y nos quedamos conversando con nuestras copas como testigos de lo que sucedía, ya el lugar parecía un poco mas vacio, y las velas estaban a punto de terminarse, no quería parpadear ni un segundo porque pensé que perdería un momento de ti.

Finalmente nos levantamos y agradecimos por una excelente velada a nuestros anfitriones,
mientras íbamos bajando por estas escaleras tipo romanas. La noche se había puesto más fría, por lo que deje que tu te calentaras con mi abrigo, y que me dieras un refugio en el contigo adentro. La noche tenia un tenue olor a nieve, como cuando sabes que el invierno ya es inminente, la calle tenia olor a nieve.

Ya estábamos de regreso en tu departamento, cuando te decía que me acompañaras a la azotea, porque te tenia todavía otra sorpresa preparada. Sabiendo de mis locuras sabias que esta seria la mas grande de todas. Abrí la puerta y ahí estaba este violinista esperándonos para tocar la música que daría paso a nuestro baile. Te ofrecí mi mano para que me acompañaras en la pieza. Te quitaste el abrigo sin importarte el frio de la noche. Ahí estábamos los dos bajo la dulce melodía del violín, y la luna iluminando nuestro camino en la azotea. Durante momentos yo guiaba el paso del baile, pero durante otros tantos tu parecías guiar, no importaba quien guiaba a quien porque el momento tan mágico que tuvimos ahí bajo la noche estrellada, la luna celosa de nosotros dos de que pudiéramos tener este baile. Las estrellas parecían también bailar con nosotros cuando vimos esta lluvia de estrellas.

Por fin regresamos a tu departamento y me invitaste a pasar. Decidí ignorar toda orden de mis doctores de que si hacia un esfuerzo tan grande como hacer el amor, podría generar una presión que me podría matar. No importaba, te alce y ahora yo era el que te llevaba a tu alcoba como una niña. Lentamente fui bajando el cierre de tu vestido negro, dejando ver la tersura de tu piel, poco a poco fui bajando tu vestido, desnudándote en aquel momento. Me veías con puro amor, esperando con ansias este momento como yo; tu me quitabas mi ropa lentamente, haciendo los deseos mas grandes de por fin tenerte, hasta que también me desnudaste y apagamos la luz, la luna ahora parecía una voyerista que se colaba a la habitación para vernos. Nos metimos entre las sabanas y nuestras pieles por fin se encontraban totalmente sin ninguna tela en medio de ella. Poco a poco mis caricias se volvían con más pasión mientras más avanzaba la noche, mientras más nos volvíamos uno en ese instante. Por fin entendía la canción de Arjona de haber tenido sexo mil veces pero nunca hice el amor. Por fin a mis 27 años conocía lo que pocos, hacer el amor con una persona amada, experimentar el mayor placer de la vida. Toda la noche nos pasamos viéndonos uno al otro, no desperdiciando ningún momento de lo que serian los últimos minutos juntos.
Ese fue el mejor regalo que nos pudimos dar el uno al otro.

P.D. Los japoneses consideran a este arbusto como una parte de ellos, que dependiendo como se encuentren sus ramas es como lleva la vida uno. Yo quiero pensar que el representa nuestra vida juntos, que tu cuidaras para que nunca marchite

O.M.A

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